jueves, 30 de septiembre de 2010


¿No importa de donde vienes, sino a donde vas? Mmm… 
¡NO LO CREO!

El día de hoy viajo a Hermosillo Sonora. Escribo desde la sala de espera del aeropuerto de la ciudad de México… Espero mi vuelo. Estar esperando y viendo a tantos viajeros, solo me trajo a la mente, la melancolía de volver a las raíces  y lo que esto significa.  Vivimos en un mundo tan agitado que, difícilmente, nos paramos a pensar de donde venimos. Normalmente pensamos a donde vamos. Y esta pregunta es tan extensa como plantearse las metas del año, como plantearse el giro que dará tu vida. ¿A donde vamos? Resulta patético pensar que solamente podemos imaginar el futuro sin poder hacer una remembranza de nuestros años pasados. Pensar de donde venimos en ocasiones es mal interpretado como “ver hacia atrás” y dice el dicho que “patras ni para agarrar impulso”… yo lo veo mas bien como el nunca olvidar de donde venimos, eso siempre nos puede dar la perspectiva y la fuerza para saber hasta donde podemos llegar. Por que pensemos un poquito, por algo existe la evolución no nada mas de las especies, sino también del comportamiento humano. Pero siempre tendremos las bases que nos hacen haber evolucionado en comportamiento, costumbres y metas, hasta estar donde tenemos que estar. Pero una estructura jamás será sólida si tiene cimientos débiles. (no soy ingeniero civil, pero creo saber un poco de cimientos). A mi me gusta recordar de donde vengo. Por que vengo de una cultura del esfuerzo, de una cultura de amor y respeto por los demás así como por uno mismo. Vengo de la “tierra caliente”. Vengo de donde se come carne asada con tanta familiaridad como en donde otras partes se comen tacos de canasta y tortas de tamal. Vengo de un lugar en donde a donde llegues, siempre encontraras un lugar extra en la mesa y un abrazo calido de bienvenida. Vengo de la ciudad del sol. Vengo de un lugar donde no llueve y eso, créanlo o no, nos hace mas fuerte… vengo de donde el cielo se pinta de colores, como si fuera un lienzo donde Dios,  aprovecha desde el sol, las nubes  y hasta el viento caliente, para hacer sus mas maravillas obras de arte. Vengo de donde pasearse en catedral por las tardes es una delicia, eso si, no puedes dejar de sentarte a ver como llega la noche y el clima se torna unos grados mas agradable… vengo de donde toma cerveza a cualquier hora en días de calor,  es lo mas natural del mundo (¡y todavía hay quienes se maravillan de países Europeos que beben cerveza hasta en los restaurantes de comida rápida!)… vengo de esta tierra donde las mujeres son independientes, fuertes, de carácter, “calzonudas”… vengo de donde el desierto se junta con el mar, donde la sierra le canta a sus cerros nevados y de donde el valle brinda las mejores frutas de temporada… vengo de Sonora.

¿Y todavía se preguntan? porque no le tengo miedo a “la gran ciudad”. ¿Por qué? Por que todavía creo en la gente. Por que estoy segura que, parte de que no me hayan pasado percances que lamentar, aquí en la que hoy es mi ciudad, depende principalmente a que, primero, no ando en lugares donde se debe, y segundo, porque mi tierra, me enseño a tener la mejor actitud siempre, a dar una sonrisa, a platicar con todo mundo, desde el taxista, hasta el señor que te esta preparando tus taquitos al pastor (si, esos de las tortillas chiquititas)… mi tierra me enseño a confiar en la gente. Y si tratas como te gustaría que te tratasen, como dirían en Hermosillo “ya la hiciste”.  Y vuelvo al comienzo de esto, regresar a tus raíces. Volver a sentirte niño de nuevo. Aun cuando las calles se vean chiquitas, aun cuando los colores de tu ciudad no los veas con la misma  nitidez, espera un poco… seguro llegaran de nuevo. Concéntrate y seguro podrás oler de nuevo las tardes de otoño de tu niñez. Cuando jugabas en la calle con tus amigos. Las frescas mañanas de ir a la escuela… ¿cuánto hace que no recuerdas tu pueblo? La calle que te vio crecer, tus vecinos, las anécdotas de tu adolescencia. Los árboles que tanto te vieron caminar. ¿En que momento, dejamos de lado recordar, esos momentos tan maravillosos que nos hacen ser lo que somos ahora, por atormentarnos por el trafico, los deadlines espantosos de nuestros respectivos trabajos, las prisas, la contaminación, la situación política, social, cultural y económica del país?.  Estos días que estaré alejada de la ciudad de México (no me lo tomen a mal, amo la ciudad de México), pero estos días me servirán para re-plantearme en donde estoy parada, que tan lejos he llegado y cuanto mas quiero seguir avanzando. Y no tienes que ir a donde naciste  o creciste para lograrlo. Créanme, por las tardes, cuando salgo a caminar con Lola, siempre pienso en cuantos pasos se requiere dar para estar parados en donde estamos ahora.

Existe una tradición en México, que por razones de avances tecnológicos y médicos ya no se practica, pero antes, se enterraba el ombligo de los bebes cuando se desprendía. Lo enterraban en donde estuvieses, de esta forma, siempre tendrías un lugar a donde regresar. Pobres bebes modernos que ahora tienen sus cordones congelados por si acaso en un futuro las células madres pueden salvarlos de una enfermedad. Mírenme a mi, ya crecidita (¡no se rían!) y mi cordón se lo comió una rata en el rancho de mis abuelos. Quizá por eso me ha costado tanto trabajo encontrar donde debo estar, porque mis células madres terminaron en la panza de una rata de campo. Pero eso si, aun cuando nunca se haya enterrado, se donde están mis raíces, y siempre vuelvo a ellas. Eso se lleva en la sangre.

¿Se acuerdan de las escrituras bíblicas? Cuando se referían a tal o cual personaje, siempre se decía el nombre, la tribu a la que pertenecía (ósea el apellido) y luego el lugar de donde venían. Yo podría decir entonces: Claudia de la tribu de los Orduño de Hermosillo Sonora. Ahora entiendo porque algunas señoras de “sociedad” les da por hacer las entupidas peguntas de: “¿y de donde es tu apellido?” “¿y de que parte de la ciudad eres?” “¿ no conoces a la familia fulanita de tal?”… ahora entiendo, es identificar. Uno de mis muy queridos y mejores amigos y de las mejores personas que he conocido, Omar (omito su apellido para no sonar como señora de sociedad. ¡Ja!) encontró la mejor respuesta a estos cuestionamientos, se las paso: primero, digan los apellidos de sus papa y de donde viene, el lugar. Luego los apellidos de sus mama y de donde viene. Ya lo comprobamos. Una vez que se nos ha identificado, ya no habrá mas molestias al respecto. Los perros huelen a otros perros para “identificarse” ( y para otras cosas también) y los humanos hacemos preguntas como estas para ponernos la etiqueta ¿o no?. Yo me tope con alguien el fin de semana que hacia unos meses atrás, me había hecho unas preguntas muy incisivas en una cena. Tales como: “¿y de donde es tu apellido eh?” “Ah de Sonora. Mira. Niña de familia entonces”. Créanme que me tomo alrededor de tres meses poder tener a esa persona de frente de nuevo y entonces, a manera de, dadas las circunstancias, quedar bien de nuevo, trato de explicarse sobre sus incisivos cuestionamientos. “No es que, ¿la gente del norte son muy sinceros verdad?” decía, mientras yo sonreía por dentro. Pero, siendo totalmente honestos, es cierto. Saber de donde venimos es como los perros que se huelen entre si, es saber que marco histórico y cultural traemos. Así como para los negocios debemos conocer los modos y costumbres de con quien estamos negociando (bendita globalización) así mismo es con el diario convivir. Quizá yo no sea la fiel representante de la cultura sonorense, pero si disfruto mucho la diversidad cultural de cada lugar. Es todavía impresionante para mi, como siendo un mismo país, hablemos  diferente idioma. Es fascinante.  ¡Ah! Pero es de todos conocidos que si nos encontramos con gente del mismo estado o del mismo país, estemos donde estemos, se rompen las barreras de regionalismos y entonces pareciera que Mexico no tiene fronteras ni estados ni costumbres diferentes. Los mexicanos somos los únicos que nos emocionamos sobremanera, y sentimos un nacionalismo impresionante. Mexicano que se encuesta a Mexicano en el extranjero, hace que México sea una sola “tribu”.  No me digan que nunca en la vida no se han encontrado a un mexicano en otro país, y entonces, aun sin conocerse, la emoción se convierte en un patriotismo que termina casi casi en entonar el himno nacional estés donde estés. Orgullosamente si les digo que si me encuentro a un sonorense en al ciudad de México, de perdida la barca de Guaymas si me la canto. A mucha honra.

De verdad te exhorto a analizar un poco de donde vienes. Creo que podrás encontrar el momento adecuado para tomarte un tesito o cafecito y sentarte a recordar. Dicen que recordar es vivir. En estos tiempos, recordar, para mi, es ¡cargar pilas!.  Si al final de que leas esto, logre que te acordaras hasta del señor de la tiendita de la esquina, créeme que me dará un gusto enorme. Estoy segura que lograre arrancarte un suspirito de nostalgia.  Mas no te pongas melancólica, suspira, sonríe y sigue caminando. Ese suspiro y esa sonrisa, fueron al menos dos rayitas mas de “pila”.  Créeme.

Y entonces, aquí me encuentro sentada rodeada de recuerdos, rodeada de historias, rodeada de mi tierra. Alrededor la gente se apresura a tomar sus vuelos. Y así lo hago yo también. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, si todos los viajeros tendrán estas mismas remembranzas de su tierra, de sus historias, de sus vidas. Quisiera pararme y preguntarles a todos de donde vienen, y no a donde van… y debo admitir, a algunos se les nota en el rostro… como  a mi, que no puedo ocultar el enorme orgullo, gusto, felicidad y emoción que me da regresar a mi Hermosillo querido, aunque sea por unos días.  Se me nota el Sahuaro en la frente. Lo porto con orgullo. Si todos portásemos  nuestra “regionalidad” con orgullo, créanme que se nos abrirían mas puertas. Yo culpo a eso el hecho de tener la llave para muchas de ellas, y para el corazón de la gente maravillosa que me ha sabido brindar ese calor de hogar que tanto me reconforta. Quizá por eso he podido encontrar en la ciudad de México mi segundo hogar, por su gente maravillosa. Pero con todo eso,  créanme , ¡muero de ganas de estar en mi tierra! abrazar a mi gente, pasear por sus calles y sentir su sol en mi piel. Como diría el dicho: de eso pido mi limosna.

septiembre 29, 2010
Aeropuerto Internacional de la ciudad de México.






lunes, 27 de septiembre de 2010

Nunca nada bueno resulta de tomar decisiones apresuradas...


En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones.
Woody Allen (1935-?) Actor, director y escritor estadounidense.
En ocasiones, no nos percatamos de lo importante que es tomar una decisión. Nos pasamos la vida haciendo planes, programando, enrolándonos en el camino de nuestras vidas agitadas que súbitamente llegamos a pensar con el “estomago” y no con la razón… es decir, nos volvemos mas viscerales, y entonces, vienen los problemas. Una decisión tomada con mucho “acelere” origina que todos nos volvamos vulnerables, que no nos demos tiempo para pensar bien las cosas y ver las múltiples posibilidades que pueden presentársenos.
Pero, como diría mi padre, es importante de vez en vez hacer un alto en el camino para ver, hacia donde vamos, a donde queremos llegar, que hemos logrado, cuanto hemos avanzado… nuestras decisiones son parte de este alto en el camino que deberíamos hacer, puesto que, en innumerables ocasiones dejamos las cosas para después, decidimos a la ligera, no nos responsabilizamos por nuestros actos y olvidamos que cada cosa que hagamos o dejemos de hacer (o mal hagamos en su defecto) afectara necesariamente la vida de los demás, o el ritmo de la vida en general.

Hace unos días, estaba escuchando un poco de la historia de Alexander Fleming, creador de la penicilina. La persona que en la radio local leía un extracto de su vida, comentaba que el padre de Fleming, había salvado nada mas y nada menos que a Winston Churchill cuando aun era pequeño de un accidente fatídico. El padre de Churchill  ofreció en agradecimiento educar a Fleming de la misma forma como educaría a su hijo. El padre de Fleming acepto y el resto, es historia. Al tiempo, fue precisamente la penicilina quien ayudo a conservar unos años mas con vida a Sir. W. Churchill. Me llamo muchísimo la atención esta historia porque, sin duda alguna, cuando nos topamos frente a un evento que requiere que tomemos una determinación, en realidad estamos afectando el curso de la vida. Quizás si Fleming no hubiese tenido esta buen educación, no hubieran sido tan útiles sus descubrimientos y todo por un acto de generosidad de su padre, una decisión acertada.

Podemos verlo en casos extremos como este, o en situaciones mas sencillas. No sabemos si el camino nuevo por el cual decidimos transitar hoy será en realidad una oportunidad para ver un paisaje que desconocíamos, o conocer a alguien nuevo.

¿Te has puesto a pensar en todas las decisiones que tomas en la vida? Es mas, es mas, no solamente en la vida… pensemos, el día de hoy, ¿cuántas decisiones importantes tomaste?. En el trabajo, en tu vida personal, en el hogar.. bueno hasta que comer. Las mujeres tenemos una responsabilidad mayor en este proceso de toma de decisiones.

Por ejemplo, si decidimos ser 100% profesionistas: no familia, no matrimonio, no hijos… y por el contrario, si decidimos formar un hogar, elegir al compañero adecuado, cuantos hijos tener, donde vivir, cuando comprar la casa. Siento que si este proceso de tomar decisiones mas formales a todas nos llega alrededor de los treinta años, cuando debemos pensar hacia donde direccional nuestra vida. Sien embargo, tomamos decisiones desde pequeños, por ejemplo  si queremos jugar, si decidimos por tal o cual deporte a practicar… se dice también, que tomar una buena decisión va ligada a el gusto, es decir, si te gusta algo seguro optaras por esa opción, verdad que si?. Sin embargo, hay decisiones que no nos pueden gustar tanto; pensemos en un doctor, que lucha día a día por preservar la vida de las personas… esas si son decisiones de muchísima responsabilidad.

Haciendo alusión a la frase que acompaña la columna de hoy, ¿qué opinan? ¿seremos las mujeres quienes decidimos en casa? Yo aun soy soltera, así que no puedo emitir una opinión todavía… (prometo contarles después). Pero se vale que me platiquen… mis amigas casadas ya, me dicen que es un 50-50, algo así como ganar ganar. Fíjense, hasta en eso… total que nuestra vida es decisiones… decisiones (como diría Jude Law en su inolvidable papel de Alfie en su re-make del 2004: “decisions decisions”).

La moraleja de la columna de esta semana es: hagámonos responsables de nuestros actos, de lo que decidamos y de que camino queremos tomar en la vida. Nuestros pasos, nuestras acciones, nuestro diario vivir, afecta el medio en el que estamos, hay que dejar impacto en las personas a nuestro alrededor pero con un toque positivo.

Nunca hay que tomar decisiones en momentos de ira y de dolor.

Nos leemos pronto, y gracias por sus comentarios!!! 

Entre mujeres Podemos hacernos pedazos.. pero nunca nos haremos daño (¿Les suena familiar esa frase?)


En alguna ocasión escuche que las mujeres somos muy competitivas. Recuerdo que en aquel entonces, tenia menos edad y entonces no comprendía el porque del comentario, ahora, con unos añitos mas (no tantos) me enfrento día a día a un bombardeo inagotable de ideas, críticas, miradas, comentarios, etc etc... ustedes saben a que me refiero, y no quería creerlo, de verdad les digo, no quería creer que las mujeres somos competitivas.
Hace unas salió a la platica el tema. Empezamos  a analizarlo y concluimos que, a pesar que se dice que entre mujeres debemos hacer filas y no jerarquizaciones, es inevitable, terminamos por envidiar hasta el vestido que trae puesto fulanita y ¡que decir si el nuevo tinte le quedo padrísimo a la comadre! Caray...
 Aun cuando se escuche medio superfluo cada comentario, así se inicia.
 Remontémonos al pasado, unos años atrás cuando estábamos en el kinder, por ejemplo. Hagamos memoria, ¿recuerdan cuando llegaba nuestra "primera mejor amiga de la vida" con sus colores nuevos, acaso se nos salía un: ¿"¡wow! ¿me los prestas?
 ¡te felicito.. están muy bonitos tus colores!"?... ¡POR SUPUESTO QUE NO!
 - Envidia: tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee. (Real Academia Española)

Sigamos avanzando; así podemos mencionar muchos ejemplos a lo largo de nuestra formación hasta llegar a la edad adulta.
 ¿Se acuerdan cuando nuestras "amiguitas del alma" las del grupo de las "cinco fantásticas" las que iban siempre a las fiestas.. si, ese grupo.. empezaron a tener novios? Quien dió el primer beso, quien tuvo su licencia de manejo primero que las demás, hasta quien se desarrolló físicamente. Alto, aclaremos un punto. No en todos los casos existe envidia. No. Sería entonces necesario que analizáramos de donde proviene este "sentimiento". Siempre he pensado que la educación, antes de llegar a las aulas, viene de la familia, en el seno del hogar. Y sobre todo, que la educación, más que con palabras es con el ejemplo. Entonces, si una niña crece viendo que su mami se la pasa criticando a la vecina, ¿se imaginan que va a aprender?
 Ahora bien, el autoestima va ligada a la seguridad. Me explicare:
   Autoestima: opinión emocional profunda que las personas tienen de sí mismas.
  Mi conclusión general en este aspecto, siempre ha sido, en relación a que tan seguro te sientas de tí mismo, podrás amarte, respetarte y tener una opinión alta y duradera de tí.
 Considero firmemente que aquella persona que desea el bien ajeno para ella misma, sin saber valorar lo que es su vida, vive entonces en un constante pesar por tener lo ajeno sin encontrar la manera de crecer como persona y mejorar su calidad de vida.
 Transformemos ahora todo lo anterior a la vida diaria, la vida moderna. Sin lugar a dudas, nos hemos enrolado en diferentes carriles.
 Existe la mujer ama de casa, madre de familia, esposa, amiga, hija, hermana; aquella mujer que todo mundo busca para un consejo y que siempre esta dispuesta a ayudar.
  Existe también la mujer soltera, estudiante eterna de cuanta cosa nueva salga (con maestría, doctorado y miles de constancias de seminarios, diplomados etc)...
 Tenemos también a la mujer de negocios, la empresaria, casada, con hijos, que su vida parece una balanza donde para encontrar el equilibrio es necesario poner a veces un granito aquí y quitar otro de allá etc...
Y así podemos hacer una lista interminable de todos los roles a los que se enfrenta la mujer moderna. En todos estos carriles en los que circulamos, ¿en que momento llega la madurez necesaria para poder decir: ¡vamos a aliarnos entre todas!?
 Se habla mucho del poder de género, de poder vencer los problemas juntas, pero ¿lo haremos en realidad?
 Hablemos del trabajo de oficina. Es tan complicado que podamos aprender a respetar el trabajo de los demás, existe, (no logro comprender todavía porque) una competencia por quien hace mejor las cosas, porque quien llega más temprano, si la compañera de trabajo viene vestida, bien peinada, si le llamaron la atención si termino a tiempo etc etc... y entonces el ambiente de trabajo se vuelve tenso, fastidioso, monótono y difícil.
 Al terminar el día, en incontables ocasiones me ha tocado escuchar (desde tiendas en centros comerciales, café, restaurantes, hasta en mi casa) comentarios como:
"¿Que crees que me hizo ahora?. ¡Es una envidiosa!. ¡No la soporto!"
¡Que horror!  es terrible escuchar esto, y no se los voy a negar también me he quejado algunas veces.
 
Quisiera que reflexionemos esta semana sobre este tema. 
Debemos comprender (a manera de invitación) que nos la vivimos pensando en que el hombre no nos entiende y que nos hace la vida de cuadritos... ¿y entre nosotras? seria mucho más fácil que pudiéramos entendernos, "hablar el mismo idioma" implica no enemistarnos porque en ocasiones la vida sea dura para nosotras  y más fácil (aparentemente) para las demás.
 En realidad no existe una "vida fácil" ¿quién nos dijo que había mujeres con vida de princesas? ¡si eso solo existe en los cuentos!, y ese es otro tema (prometo abordarlo en futuras columnas) pero. el crecer pegada a la idea que un príncipe azul vendrá a rescatarnos... esa es otra historia. 
Entonces, vidas perfectas, NO existen... borremos esa idea de la cabeza. No me imagino a alguien deseando una vida de ensueño, si la vida es preciosa con los sinsabores del día a día.. con las imperfecciones, con los tropezones.. si supiéramos escuchar, si supiéramos aprender, si tuviéramos la tranquilidad y humildad para saber pedir ayuda, quizá podríamos evitar muchos conflictos entre nosotras.
 
Mi conclusión (que esto ya parece casi novela) es la siguiente: Sigo pensando que las mujeres somos complicadas, conflictivas y competitivas, Pero también pienso que somos lo más maravilloso del mundo (ojo.. no soy feminista) y creo que algún día descubriremos que es mejor decir "amiga, donde compraste tu falda, esta padrísima" "muchas felicidades por tu aumento de sueldo.. vamos a celebrar" a diferencia de: "ojala se le queme su falda nueva" " ¿Porque gana más que yo?"...
 Espero no estar exagerando, pero la columna de la semana fue un resumen de "quejas" de las mujeres que me rodean.
 
Se que leeré muchos comentarios, y esta, es la mejor forma para seguir creciendo.

Aqui estamos..

Pues este pretende ser un manual de como sobrevivir en un mundo que ya no es el "mundo de hombres".  Para las mujeres que, como yo, día a día sobreviven al caótico mundo de la vida moderna. Que nos exige no nada mas ser exitosas en todo sino ademas ser multitask en todos los aspectos. Tengo poco tiempo en la ciudad de México, y cada día es una aventura nueva. Quiero dar mi visión de lo que es vivir en un ciudad donde se conjuga la historia, razas, culturas... nunca duerme. Y para una mujer de provincia como yo, esto es fascinante. Y todo empezó de una manera muy absurda, y ahora me encuentro haciendo lo que siempre quise hacer: Escribir. No pretendo ser el libro de cabecera de nadie, pretendo que sea un diario de mis aventuras por esta ciudad, con un toque de "tips" de como poder lidiar con nosotras, y para nosotras, de como poder sobrevivir y seguir siendo mujeres sin morir en el intento.