Actitud:
Comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas.
Entonces, cuando nos dicen cambio de actitud, se están refiriendo a un cambio de comportamiento o de perspectiva sobre las cosas. ¿Que tan difícil es cambiar nuestros patrones de vida?. El titulo de la columna de esta semana es precisamente en relación a detenernos un momento y pensar si la forma en la que abordamos las situaciones que se nos presentan cotidianamente es la correcta. Y la correcta no para los demás, sino para alcanzar una satisfacción personal y tranquilidad.
A pesar de las circunstancias que ponen a prueba nuestro comportamiento en general, existen ciertos matices de la vida que nos pueden ayudar a comprender que la mayoría de las veces no es tanto el problema o dificultad si no el valor que le demos. ¿Sabes a lo que me refiero, no? estos “matices” están ahí, presentes, todo el tiempo, por las mañanas, en el café de la esquina, en el supermercado, en el colegio de los niños, hospitales, oficinas, gimnasios, parques… en todas partes. ¿No los has visto? ¡Claro que si! Pero seguramente estábamos muy apurados para notarlos o demasiado estresados. Me refiero a las cosas mas sencillas de la vida. Nota importante: no esperes que traigan una etiqueta de uso, ni un letrero luminoso para que sepamos reconocerlas. Algunos libros, autores, psicólogos y hasta terapeutas sugieren que cuando se requiere hacer un cambio de actitud va ligado a una introspección, a un análisis del marco histórico y conceptual de la persona, al lugar de procedencia , la familia, la cultura, la educación, la formación … y tienen razón. Poder descubrir el hilo negro de nuestro comportamiento puede parecer una tarea caótica (tenemos miedo a saber que somos, a encontrarnos con nosotros mismos). Pero vamos a hacer una prueba muy sencilla (contesta con honestidad): ¿cuantas sonrisas verdaderas reconociste esta mañana al salir de tu hogar?, ¿cuántos abrazos contaste recibidos hoy, al finalizar el día?, ¿cuántas veces observaste el cielo hoy? Si, si, puede sonar a frases de libro de superación personal, pero es cierto, rara vez nos damos el tiempo de disfrutar y nutrirnos de cosas simples, cosas que a simple vista no pudiera tener un significado mayor que el sentimental pero, si le damos su justa dimensión, esas cosas que dejamos pasar, pueden ayudarnos mas de lo que pudiésemos imaginar. Y lejos de una terapia larga y extenuante, la solución a muchos problemas sencillos de nuestro comportamiento esta en saber apreciar, valorar y admirar las cosas que nos rodean que justamente están ahí como esos pequeños matices de la vida agitada o del mundo agitado, de un cielo que parece caérsenos encima en ocasiones y que en realidad, no nos permite comprender que no hay NADA en esta vida que no tenga solución.
La justa dimensión de las cosas, la profundidad de aquellas que son parte de nuestro vivir, solo pertenece, precisamente, a nosotros mismos. El que tu coche sufra una avería puede parecer un caos total para tu día de múltiples quehaceres, pero puede parecer insignificante para la mama que tiene a su hijo en el hospital, o para el estudiante que réprobo su examen final, o para el niño de kinder que olvido la poesía del día de las madres en pleno espectáculo. Si ponemos en una gráfica las cosas que componen nuestra vida (dulces y amargas) sería imposible graficar el grado de afectación de manera universal. La sensibilidad que tenemos para percibir lo que nos rodea va directamente relacionada con la capacidad para almacenar esos “picos” de felicidad; por ejemplo, un momento en el que te rías mucho y estés rodeado de la gente que mas quieres, ese tipo de memorias, las guarda tanto tu mente como tu cuerpo y si somos sensibles a ellos, podemos ir creando un estilo de vida mas sano.
Barbra Streisand, en el musical Yentl (altamente recomendada como ejemplo de tenacidad de la mujer que quiere crecer… pero esa, es otra historia) en una de sus canciones, dice algo mas o menos así (traducido): “todo comenzó, el día que descubrí, que desde mi ventana solo podía ver un pedacito de cielo, salí y lo vi, y nunca me imagine que pudiera ser tan alto y tan grande…”. Si te sientes encerrada en cuatro paredes, si esas cuatro paredes son “imaginarias”: ¡sal!, sal de ti, de la rutina, observa lo maravilloso que es el mundo, ¿has dado gracias por estar vivo hoy?. Recuerda que cada día tenemos la oportunidad de reconocer nuestros errores y empezar de nuevo y sobre todo ¡aprender!. Déjate envolver por un mundo más vivo, déjate impresionar por los detalles sencillos que considero, serán los únicos capaces de salvarnos de este mundo tan frío y desensibilizado; respira, siente el sol, piensa en cuanta gente no tiene la oportunidad de sentir, de caminar, de reír… Debemos tener la inteligencia emocional necesaria, al menos, para no dejar que las cosas que tienen solución perturben nuestra tranquilidad. Si se te dificulta descubrir las cosas mas sencillas de la vida, no te preocupes, cuando nos volvemos “adultos” vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro, pero basta con que recordemos cuando éramos niños como nos maravillaban los pequeños detalles que hasta algunos se convirtieron en las grandes bases de nuestra formación. Al final del día, piensa que la vida es tan bella pero también (como diría el comercial de reconocida marca de refrescos), lo único malo de la vida es que es demasiado corta.
La buena actitud no llega de la noche a la mañana; una buena actitud esta alimentada por un ambiente de tranquilidad, por positivad, por buenos recuerdos, y vuelvo a comentar: por una felicidad como estilo de vida no como estado de animo.
Una semana mas… quiero agradecer sus comentarios y su lectura.
¡Nos leemos pronto!
Todo sobre las Mujeres...
Guía práctica sobre la transformación de la mujer del siglo XXI. Breve Análisis sobre las "mujeres modernas del mundo moderno"...
lunes, 18 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
... Lo que NOSOTRAS queremos.
En que nos quedamos? Les comentaba que cuando a pesar de lo complicadas que somos, y que en ocasiones no sabemos ni para donde caminar, cuando nos trazamos una meta, difícilmente fallamos en alcanzarla. Cuando queremos obtener determinado trabajo, estudiar determinada carrera, generar logros profesionales, lo logramos. Hay como una programación especial en nosotras que nos hace ser capaz de tener una fuerza especial que vence cualquier momento personal de contrariedades para que este no entorpezca nuestros planes.
Esta semana escuche una historia que me llamo mucho la atención y me hizo reflexionar sobre las capacidades de una mujer. La historia era sobre una madre que al ver a su hijo atrapado bajo un coche, fue capaz de levantar el coche unos centímetros para salvarlo… ¿increíble? A si me costo trabajo creerlo por completo, pero después le pregunte a una doctora y me comento que si es posible; el cuerpo humano no sabe cuanto puede dar de si hasta que se le exige. Las emociones, el corazón y el cerebro de una mujer funcionan diferente a la de los hombres y llegado el momento, la adrenalina y todo conjugado, hacen que reaccionemos de formas que nunca antes nos imaginamos. Me pongo a pensar en las madres que hacen todo por alimentar a sus hijos, por luchar por su educación... me pongo a pensar en las Adelitas, pero ese, es tema para otra columna...
Bueno, es una historia que me impactó muchísimo y quería compartirla con ustedes. Y tiene sentido… ¿que no haríamos por lo que queremos? Cuando una mujer decide formar un hogar (lo platicábamos en columnas anteriores), sabe perfectamente a que se esta enfrentando, si dejara su vida profesional, se dedicara por completo a la familia, o combinara ambas. Tomemos por ejemplo, a una mujer que descubre, una vez que sus hijos han crecido, que quiere retomar su carrera, lo hace. Se lanza, busca, aprende de nuevo, crea, genera empleos, se autoemplea, porque nos conocemos, sabemos de que estamos hechas y de que somos capaces.
Me comentaba un lector, que hay mujeres que no se atreven a opinar, que todavía existe esa barrera entre luchar y no luchar. Ciertamente, habrá mujeres que aun no se han descubierto, pero lo harán. Las circunstancias que nos rodean son diferentes. No podemos comparar a la mujer cosmopolita de New York, con la mujer Yaqui de Sonora, mujer con una tenacidad impresionante, de carácter fuerte y decisiones firmes. Son ambientes diferentes en donde se desenvuelven, lo que para una es fundamental para la otra puede ser un mundo desconocido. Y en ambos carriles de “lucha” se encuentra un elemento en común, la supervivencia.
¿Qué pasaría si las mujeres hiciéramos “huelga” a nivel mundial por un día?. ¿Por donde empezar? Bancos, escuelas, hospitales, oficinas de gobierno, oficinas particulares, empresas, corporativos, guarderías, restaurantes, hoteles, aerolíneas, ¿le sigo? Imagínense todo lo que se “detendría” por un momento. Hemos llegado a decir que en ocasiones no se necesita a una mujer en el hogar, pero, ¿Qué tal trabajando? ahí si, ahí si…
Si las mujeres dejáramos de trabajar un solo día, detendríamos muchas industrias, tanto de productos como de servicios, y esto es una pequeña muestra que, si nos lo proponemos, sabemos perfectamente hasta que punto escalar. En nuestro país, particularmente, siempre nos hemos distinguido por ser mujeres muy fuertes. Y en alguna ocasión, me comentaron que no, que hemos sido mujeres muy “dejadas” y acostumbradas al “machismo”. Momento. ¿Ya olvidaron en nuestro país, quienes se lanzaban a la revolución (ojo: les estoy hablando de hace menos de cien años!!!) quienes han luchado por poder ingresar a una universidad, quienes han sido las precursoras de avances tecnológicos, científicos y en medios de comunicación?
¿Feminista? NO. Realista. Seguiremos preguntándonos… ¿Qué quieren las mujeres?. Si todavía queda algún hombre que piense que las mujeres somos unas indecisas, piensen que si, en efecto, podremos tener nuestros momentos complicados por que nuestro carácter así es, somos así, somos una mezcla extraña de complicación con delicadeza, armonía, talento y fuerza (bueno que flores caray!!!) pero jamás nos temblara la mano para luchar, pelear, escalar, subir, aprender, crear, formar… Pero también piensen cuanto nos necesitamos, cuanto nos complementamos. ¿nos eche demasiadas porras?, ¡no creo! Solo la verdad. Y algunas mujeres tienden con el paso del tiempo, malamente, a olvidarse de su valor intrínseco como ser humano y el agregado por su actitud a la vida, por su desarrollo como genero.
¡No olvides lo que vales!
En la medida que te conozcas y lo sepas será la medida en la que te proyectaras.
Es probable que sigamos siendo “el talón de Aquiles de la humanidad” pero también es probable que con el tiempo, los canales de apoyo a las mujeres que luchamos día a día se abran cada vez más… que reconocer a las mujeres extraordinarias no sea nada más cuestión de medios televisivos, sino un agradecimiento por su entrega, empezando por las mujeres de nuestro hogar, hermanas, mama, tías, abuelitas… compañeras de trabajo, quienes nos dan un servicio…
Les recomiendo el libro "Eat, Love and Pray"... ya se que esta muy de moda por la pelicula de Julia Roberts, pero vale la pena. Nos leemos pronto!
Esta semana escuche una historia que me llamo mucho la atención y me hizo reflexionar sobre las capacidades de una mujer. La historia era sobre una madre que al ver a su hijo atrapado bajo un coche, fue capaz de levantar el coche unos centímetros para salvarlo… ¿increíble? A si me costo trabajo creerlo por completo, pero después le pregunte a una doctora y me comento que si es posible; el cuerpo humano no sabe cuanto puede dar de si hasta que se le exige. Las emociones, el corazón y el cerebro de una mujer funcionan diferente a la de los hombres y llegado el momento, la adrenalina y todo conjugado, hacen que reaccionemos de formas que nunca antes nos imaginamos. Me pongo a pensar en las madres que hacen todo por alimentar a sus hijos, por luchar por su educación... me pongo a pensar en las Adelitas, pero ese, es tema para otra columna...
Bueno, es una historia que me impactó muchísimo y quería compartirla con ustedes. Y tiene sentido… ¿que no haríamos por lo que queremos? Cuando una mujer decide formar un hogar (lo platicábamos en columnas anteriores), sabe perfectamente a que se esta enfrentando, si dejara su vida profesional, se dedicara por completo a la familia, o combinara ambas. Tomemos por ejemplo, a una mujer que descubre, una vez que sus hijos han crecido, que quiere retomar su carrera, lo hace. Se lanza, busca, aprende de nuevo, crea, genera empleos, se autoemplea, porque nos conocemos, sabemos de que estamos hechas y de que somos capaces.
Me comentaba un lector, que hay mujeres que no se atreven a opinar, que todavía existe esa barrera entre luchar y no luchar. Ciertamente, habrá mujeres que aun no se han descubierto, pero lo harán. Las circunstancias que nos rodean son diferentes. No podemos comparar a la mujer cosmopolita de New York, con la mujer Yaqui de Sonora, mujer con una tenacidad impresionante, de carácter fuerte y decisiones firmes. Son ambientes diferentes en donde se desenvuelven, lo que para una es fundamental para la otra puede ser un mundo desconocido. Y en ambos carriles de “lucha” se encuentra un elemento en común, la supervivencia.
¿Qué pasaría si las mujeres hiciéramos “huelga” a nivel mundial por un día?. ¿Por donde empezar? Bancos, escuelas, hospitales, oficinas de gobierno, oficinas particulares, empresas, corporativos, guarderías, restaurantes, hoteles, aerolíneas, ¿le sigo? Imagínense todo lo que se “detendría” por un momento. Hemos llegado a decir que en ocasiones no se necesita a una mujer en el hogar, pero, ¿Qué tal trabajando? ahí si, ahí si…
Si las mujeres dejáramos de trabajar un solo día, detendríamos muchas industrias, tanto de productos como de servicios, y esto es una pequeña muestra que, si nos lo proponemos, sabemos perfectamente hasta que punto escalar. En nuestro país, particularmente, siempre nos hemos distinguido por ser mujeres muy fuertes. Y en alguna ocasión, me comentaron que no, que hemos sido mujeres muy “dejadas” y acostumbradas al “machismo”. Momento. ¿Ya olvidaron en nuestro país, quienes se lanzaban a la revolución (ojo: les estoy hablando de hace menos de cien años!!!) quienes han luchado por poder ingresar a una universidad, quienes han sido las precursoras de avances tecnológicos, científicos y en medios de comunicación?
¿Feminista? NO. Realista. Seguiremos preguntándonos… ¿Qué quieren las mujeres?. Si todavía queda algún hombre que piense que las mujeres somos unas indecisas, piensen que si, en efecto, podremos tener nuestros momentos complicados por que nuestro carácter así es, somos así, somos una mezcla extraña de complicación con delicadeza, armonía, talento y fuerza (bueno que flores caray!!!) pero jamás nos temblara la mano para luchar, pelear, escalar, subir, aprender, crear, formar… Pero también piensen cuanto nos necesitamos, cuanto nos complementamos. ¿nos eche demasiadas porras?, ¡no creo! Solo la verdad. Y algunas mujeres tienden con el paso del tiempo, malamente, a olvidarse de su valor intrínseco como ser humano y el agregado por su actitud a la vida, por su desarrollo como genero.
¡No olvides lo que vales!
En la medida que te conozcas y lo sepas será la medida en la que te proyectaras.
Es probable que sigamos siendo “el talón de Aquiles de la humanidad” pero también es probable que con el tiempo, los canales de apoyo a las mujeres que luchamos día a día se abran cada vez más… que reconocer a las mujeres extraordinarias no sea nada más cuestión de medios televisivos, sino un agradecimiento por su entrega, empezando por las mujeres de nuestro hogar, hermanas, mama, tías, abuelitas… compañeras de trabajo, quienes nos dan un servicio…
Les recomiendo el libro "Eat, Love and Pray"... ya se que esta muy de moda por la pelicula de Julia Roberts, pero vale la pena. Nos leemos pronto!
jueves, 7 de octubre de 2010
Lo que las mujeres quieren...
El cerebro de una mujer es un misterio. Así decía el personaje de Benigno García en la premiada “Hable con ella” de Almodóvar; en realidad así es, somos todo un misterio. Somos tan polifacéticas, volubles, inspiración, damos protección, creamos hogares, construimos… ustedes saben que somos, aunque en ocasiones sea mas bien lo que hacemos; se dice que en la historia de la humanidad, las mujeres hemos jugado un papel (un trapo diría Mafalda) muy importante, y nuestra evolución va desde ser las defensoras del hogar, hasta las madres abnegadas, las revolucionarias, pero también las reinas, las consortes… hemos luchado batallas, hemos desatado algunas (recordemos a Helena de Troya) seguimos creando controversia y desatando batallas día con día. He llegado a pensar, que al igual que Aquiles precisamente perdió a causa de Helena y su talón endeble, así las mujeres también hemos sido el talón de Aquiles de la historia.
Estoy convencida que todo ha sido por falta de comunicación, porque pensamos que los hombres pueden leer mentes, porque creemos que nosotras también leemos, porque a pesar que hemos evolucionado en muchos aspectos gracias a nuestra determinación (pensemos en las mujeres que no emitían su voto hace menos de 100 años)… pero les voy a decir un secreto muy importante: nosotras mismas… ¡NO SABEMOS LO QUE QUEREMOS!.
Repito, esto es un secreto a voces… nos cambiamos el color del cabello casi cada mes, nos cambiamos de ropa al menos 3 veces antes de salir de casa, cambiamos de trabajo, de gimnasio, de ciudad, de país, de casa, ¡de vida! Porque nos sabemos conocedoras de nuestro potencial y capacidades y en esta búsqueda constante de querer mas y mejor rompemos el patrón del seguimiento en nuestro comportamiento… ¡uff! ¿Qué queremos realmente? En el aspecto personal, cambiamos como las fases de la luna. En el aspecto de conocernos, cambiamos casi cada mes, así que es imposible saberlo; pero hay una base en nuestro desarrollo que expone que las mujeres queremos ser escuchadas y queremos ser tomadas en cuenta. En el mundo “moderno” en que vivimos, queremos ser respetadas, honradas, y que se nos den los espacios y oportunidades para desarrollarnos y seguir creciendo. (¡Sonó a discurso político!).
Pero viéndolo desde un punto de vista critico, en verdad hemos peleado porque se respete ese derecho de lucha constante. Si, somos complicadas. Si, es cierto que cada fin de mes estamos insoportables. Si, es verdad que somos delicadas (algunas…) y muy en el fondo de nuestro ser sabemos que en ocasiones hacemos la vida de cuadritos a quienes nos rodean.
Al final del día comprendemos perfectamente bien que también nos hacemos un manojo de sentimientos que no nos permiten explicarnos de la mejor manera. Pero solo debemos pensar en lo mucho que hemos logrado en la historia… recordemos nada mas a las mujeres lideres de opinión de la independencia de nuestro país, recordemos a Elizabeth de Inglaterra, su precursora Emmeline Pankust, Isadora Duncan, Margaret Tatcher, Coco Chanel, Edith Piaf, La madre Teresa de Calcuta, Indira Ghandi, Evita Perón. Pensemos en Frida Kahlo, Marie Curie, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Leonora Carrington, Michelle Bachellet, Maria Goeppert, Gerti Cory, Ana Bolena, Nefertiti, Elena Poniatowska … No me alcanzaría la columna para nombrar a todas las mujeres que en diversos ámbitos lograron abrir brecha para futuras generaciones, destacarse y ser inolvidables. Mujeres que no se quedaron pensando que las cosas caerían del cielo y que a pesar de todas las vicisitudes, supieron valerse y ser únicas (“Nadie es indispensable en la vida, pero, para ser irremplazables, debemos ser diferentes y únicos”). Y bueno, la lista de las mujeres que siguen luchando hasta la fecha, es también afortunadamente, interminable.
Todo esto me hace pensar entonces que, podemos llegar a hacer una reflexión sobre nuestros pasos en la tierra. ¿Qué pensaría Helen Keller sobre cuando lloramos por que alguien nos rompió el corazón? ¿qué pensaría Chanel cuando nos desilusionamos porque no recibimos el apoyo que esperábamos en algún proyecto? ¿Recuerdan la historia de vida de Oprah?. ¿Han leído alguna vez sobre las mujeres Tarahumaras de la sierra de Chihuahua en nuestro país?. Si a lo largo de la historia las mujeres hemos luchado por ser agentes de cambio, ¿nosotras, las mujeres “modernas” que esperamos para dejar huella?. Solo se requiere, voluntad.
No tenemos que ser super-heroinas. Basta con despertar y reflexionar... al final de cuentas, seamos honestas, si sabemos lo que queremos, y cuando lo sabemos, lo obtenemos… ¿o no?.
Continuará…
Estoy convencida que todo ha sido por falta de comunicación, porque pensamos que los hombres pueden leer mentes, porque creemos que nosotras también leemos, porque a pesar que hemos evolucionado en muchos aspectos gracias a nuestra determinación (pensemos en las mujeres que no emitían su voto hace menos de 100 años)… pero les voy a decir un secreto muy importante: nosotras mismas… ¡NO SABEMOS LO QUE QUEREMOS!.
Repito, esto es un secreto a voces… nos cambiamos el color del cabello casi cada mes, nos cambiamos de ropa al menos 3 veces antes de salir de casa, cambiamos de trabajo, de gimnasio, de ciudad, de país, de casa, ¡de vida! Porque nos sabemos conocedoras de nuestro potencial y capacidades y en esta búsqueda constante de querer mas y mejor rompemos el patrón del seguimiento en nuestro comportamiento… ¡uff! ¿Qué queremos realmente? En el aspecto personal, cambiamos como las fases de la luna. En el aspecto de conocernos, cambiamos casi cada mes, así que es imposible saberlo; pero hay una base en nuestro desarrollo que expone que las mujeres queremos ser escuchadas y queremos ser tomadas en cuenta. En el mundo “moderno” en que vivimos, queremos ser respetadas, honradas, y que se nos den los espacios y oportunidades para desarrollarnos y seguir creciendo. (¡Sonó a discurso político!).
Pero viéndolo desde un punto de vista critico, en verdad hemos peleado porque se respete ese derecho de lucha constante. Si, somos complicadas. Si, es cierto que cada fin de mes estamos insoportables. Si, es verdad que somos delicadas (algunas…) y muy en el fondo de nuestro ser sabemos que en ocasiones hacemos la vida de cuadritos a quienes nos rodean.
Al final del día comprendemos perfectamente bien que también nos hacemos un manojo de sentimientos que no nos permiten explicarnos de la mejor manera. Pero solo debemos pensar en lo mucho que hemos logrado en la historia… recordemos nada mas a las mujeres lideres de opinión de la independencia de nuestro país, recordemos a Elizabeth de Inglaterra, su precursora Emmeline Pankust, Isadora Duncan, Margaret Tatcher, Coco Chanel, Edith Piaf, La madre Teresa de Calcuta, Indira Ghandi, Evita Perón. Pensemos en Frida Kahlo, Marie Curie, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Leonora Carrington, Michelle Bachellet, Maria Goeppert, Gerti Cory, Ana Bolena, Nefertiti, Elena Poniatowska … No me alcanzaría la columna para nombrar a todas las mujeres que en diversos ámbitos lograron abrir brecha para futuras generaciones, destacarse y ser inolvidables. Mujeres que no se quedaron pensando que las cosas caerían del cielo y que a pesar de todas las vicisitudes, supieron valerse y ser únicas (“Nadie es indispensable en la vida, pero, para ser irremplazables, debemos ser diferentes y únicos”). Y bueno, la lista de las mujeres que siguen luchando hasta la fecha, es también afortunadamente, interminable.
Todo esto me hace pensar entonces que, podemos llegar a hacer una reflexión sobre nuestros pasos en la tierra. ¿Qué pensaría Helen Keller sobre cuando lloramos por que alguien nos rompió el corazón? ¿qué pensaría Chanel cuando nos desilusionamos porque no recibimos el apoyo que esperábamos en algún proyecto? ¿Recuerdan la historia de vida de Oprah?. ¿Han leído alguna vez sobre las mujeres Tarahumaras de la sierra de Chihuahua en nuestro país?. Si a lo largo de la historia las mujeres hemos luchado por ser agentes de cambio, ¿nosotras, las mujeres “modernas” que esperamos para dejar huella?. Solo se requiere, voluntad.
No tenemos que ser super-heroinas. Basta con despertar y reflexionar... al final de cuentas, seamos honestas, si sabemos lo que queremos, y cuando lo sabemos, lo obtenemos… ¿o no?.
Continuará…
martes, 5 de octubre de 2010
Sin maquillaje.
Se acuerdan de la canción de los ochentas (si no me equivoco) del grupo español Mecano "no me mires, no me mires, no no no no me mires, que no me he puesto el maquillaje (je je je)... sombra aquí y sombra acá, maquillate, maquillate..." Se vale cantar.
¿Qué es lo primero que hacemos cuando conocemos a un bebé? Decimos “¡qué bonito, tiene la nariz de su papá, es igualito a su mamá qué bebé tan precioso!”. Desde pequeños nos enseñaron que si eres bonito, eres aceptado; eres digno de cariños y de manifestaciones de amor. Pero, ¿qué hacer cuando la naturaleza o la genética no fueron tan generosas con nosotros?.
El patrón de belleza cambia un poco a los que están prescritos por la moda, los productos de belleza, las modelos, la televisión, etc. En occidente, la belleza es pautada por el consumo. De ahí que nuestros parámetros de belleza vayan ligados a la compra de todo aquel producto que nos prometa vernos como las estrellas de la televisión o del cine, o como la modelo del anuncio de dicho producto. Nos hemos empeñado en coleccionar cremas, maquillajes, sombras, labiales, correctores, mascaras para pestañas, delineadores, etc.. y ni qué decir de los productos para cuidar la piel, aceites, cremas, exfoliantes, mascarillas... la lista sigue y sigue y sigue. No te lo voy a negar, yo también tengo mi grupo de cosméticos. Lo admito. Pero fíjate que me di cuenta que entre más cosas tenemos, más nos hacemos esclavas de ellas. Y si por algún motivo se llega a perder algún miembro de la colección, obviamente nos ponemos como histéricas. Pero ¿sabes?: acabo de comprobar que en una semana, se te olvida. O compras otro. O simplemente te das cuenta que realmente no lo necesitabas.
¿En qué consiste, entonces, sentirnos bellas? Sin duda alguna, no es por las cremas que religiosamente nos embadurnamos todas las noches. Ya es hora que nos demos cuenta de que la belleza no radica en la marca de tu labial, ni del maquillaje, mucho menos la ropa o como te hayas peinado para ir a trabajar. Piensa: si somos capaces de dirigir empresas, construir familias, conservar nuestros empleos, crear proyectos, salvar vidas, bueno, en una palabra (y sin sonar feminista) somos capaces de todo, entonces, ¿por qué dependemos de la brocha para el rubor, o la plancha para el cabello? Sintámonos seguras, aun cuando andemos de cara lavada o aun cuando el cabello haya amanecido rebelde. Sintámonos preciosas y casi-casi Miss Universo aun cuando las ojeras hayan aparecido por cansancio, estrés o desvelo.
Los parámetros de belleza en el mundo occidental difieren mucho de aquéllos en oriente, inclusive en Europa. Las latinas, curiosamente, somos más, como decirlo… ¡vaya! Exageramos un poquito para lucir como muñequitas de porcelana -con sus debidas excepciones, claro-. Yo soy una de ellas: lo cierto es que a la calle rara vez salgo con cara lavada. Pero si nos ponemos a pensar, las europeas, las orientales, las inglesas, las italianas, llevan con mucho garbo el poder de ser mujer y son capaces de voltear miradas y levantar suspiros sólo por su manera de caminar y de sonreír.
Así que, ¿tenemos todo para ser súper seguras aun cuando nos hayan inculcado que es muy importante ser bonita? ¡CLARO! Haz la prueba -yo la hice-, en lugar de practicar nuevos tipos de peinado, practica nuevo estilo para caminar o una mirada coqueta y sincera, por supuesto. En lugar de aprender de los nuevos productos anti-arrugas, aprende un idioma nuevo, o lee algo que jamás te hayas interesado leer. Medita qué importante es para nuestra autoestima el sabernos hermosas e inteligentes. Ojo: ¡no importa la edad! Ese, como ustedes saben amigas, es un tema muy relativo... ¿o no?.
Para concluir, me gustaría conocer a quien escribió esos parámetros de belleza, porque el mundo es tan grande que éstos pueden cambiar inclusive de un estado a otro en un mismo país. Así que, amigas, arriba el ánimo y preparémonos para salir a conquistar el mundo.
¡Nos leemos pronto!
¿Qué es lo primero que hacemos cuando conocemos a un bebé? Decimos “¡qué bonito, tiene la nariz de su papá, es igualito a su mamá qué bebé tan precioso!”. Desde pequeños nos enseñaron que si eres bonito, eres aceptado; eres digno de cariños y de manifestaciones de amor. Pero, ¿qué hacer cuando la naturaleza o la genética no fueron tan generosas con nosotros?.
El patrón de belleza cambia un poco a los que están prescritos por la moda, los productos de belleza, las modelos, la televisión, etc. En occidente, la belleza es pautada por el consumo. De ahí que nuestros parámetros de belleza vayan ligados a la compra de todo aquel producto que nos prometa vernos como las estrellas de la televisión o del cine, o como la modelo del anuncio de dicho producto. Nos hemos empeñado en coleccionar cremas, maquillajes, sombras, labiales, correctores, mascaras para pestañas, delineadores, etc.. y ni qué decir de los productos para cuidar la piel, aceites, cremas, exfoliantes, mascarillas... la lista sigue y sigue y sigue. No te lo voy a negar, yo también tengo mi grupo de cosméticos. Lo admito. Pero fíjate que me di cuenta que entre más cosas tenemos, más nos hacemos esclavas de ellas. Y si por algún motivo se llega a perder algún miembro de la colección, obviamente nos ponemos como histéricas. Pero ¿sabes?: acabo de comprobar que en una semana, se te olvida. O compras otro. O simplemente te das cuenta que realmente no lo necesitabas.
¿En qué consiste, entonces, sentirnos bellas? Sin duda alguna, no es por las cremas que religiosamente nos embadurnamos todas las noches. Ya es hora que nos demos cuenta de que la belleza no radica en la marca de tu labial, ni del maquillaje, mucho menos la ropa o como te hayas peinado para ir a trabajar. Piensa: si somos capaces de dirigir empresas, construir familias, conservar nuestros empleos, crear proyectos, salvar vidas, bueno, en una palabra (y sin sonar feminista) somos capaces de todo, entonces, ¿por qué dependemos de la brocha para el rubor, o la plancha para el cabello? Sintámonos seguras, aun cuando andemos de cara lavada o aun cuando el cabello haya amanecido rebelde. Sintámonos preciosas y casi-casi Miss Universo aun cuando las ojeras hayan aparecido por cansancio, estrés o desvelo.
Los parámetros de belleza en el mundo occidental difieren mucho de aquéllos en oriente, inclusive en Europa. Las latinas, curiosamente, somos más, como decirlo… ¡vaya! Exageramos un poquito para lucir como muñequitas de porcelana -con sus debidas excepciones, claro-. Yo soy una de ellas: lo cierto es que a la calle rara vez salgo con cara lavada. Pero si nos ponemos a pensar, las europeas, las orientales, las inglesas, las italianas, llevan con mucho garbo el poder de ser mujer y son capaces de voltear miradas y levantar suspiros sólo por su manera de caminar y de sonreír.
Así que, ¿tenemos todo para ser súper seguras aun cuando nos hayan inculcado que es muy importante ser bonita? ¡CLARO! Haz la prueba -yo la hice-, en lugar de practicar nuevos tipos de peinado, practica nuevo estilo para caminar o una mirada coqueta y sincera, por supuesto. En lugar de aprender de los nuevos productos anti-arrugas, aprende un idioma nuevo, o lee algo que jamás te hayas interesado leer. Medita qué importante es para nuestra autoestima el sabernos hermosas e inteligentes. Ojo: ¡no importa la edad! Ese, como ustedes saben amigas, es un tema muy relativo... ¿o no?.
Para concluir, me gustaría conocer a quien escribió esos parámetros de belleza, porque el mundo es tan grande que éstos pueden cambiar inclusive de un estado a otro en un mismo país. Así que, amigas, arriba el ánimo y preparémonos para salir a conquistar el mundo.
¡Nos leemos pronto!
lunes, 4 de octubre de 2010
¿APRENDEMOS A BASE DE PRUEBA Y ERROR?
Aprendizaje:
(De aprendiz).
1. m. Acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa.
2. m. Tiempo que en ello se emplea.
3. m. Psicol. Adquisición por la práctica de una conducta duradera.
Estando en Hermosillo, mi tierra, tuve la oportunidad de reflexionar sobre el aprendizaje. Cuando niños, es casi casi “a fuerza”, cuando jóvenes es, quizá mitad y mitad; mitad a fuerza, mitad status social, mitad sentido de pertenencia, mitad deber y querer. Cuando se es grande entonces, ¿a que obedece el aprender?.
Fui invitada a observar una clase en el departamento de lenguas extranjeros en la Universidad de Sonora por parte de Miguel, uno de mis primos, quien, además de estar avalado por la Universidad de Cambridge (volveré a este tema mas adelante), es uno de los maestros mas reconocidos en este medio. Lo comento porque me pareció fascinante, como, primeramente, sus alumnos no eran menores de los 20 años. Y estaban ahí por distintas razones. Algunos por validez académica, otros por cuestiones laborales, otros por verdadero gusto… lo que me lleva a constatar el primer punto que trate sobre el aprendizaje. Encontrándome en medio del salón, me di cuenta que la vida en general es una gran escuela. Entonces, si la vida y la academia convergen, ¿porque entonces es solo en la academia donde seguimos al pie de la letra las lecciones de los libros de texto?. Yo veía ese día, alumnos escribiendo la lección, repasándola en sus libros, practicando en voz bajita, compartiendo con el resto de los alumnos… y entonces, me vino a la cabeza esta idea de tener un manual de vida.
Si para la academia se requiere investigación, análisis, teorías, mas investigación, para poder enseñar “una verdad”, entonces, para la vida ¿en que nos basamos?. Cierto es que tenemos La Biblia -yo considero que, creyente o no, se debe apreciar por la aportación que a lo largo del tiempo ha tenido sobre la humanidad. (pero siento que no es estrictamente necesario en estos tiempos tener religión o creencia, no podemos tomar a la Biblia como referencia. Bendito libre albedrío). Existen libros de superación personal, de Autoestima, para solteros, para divorciados, para viudos, para soledades, para compañías, para niños, para padres, para niños, para familias, para viajar, para arreglar cosas banales… y entre tanta variedad, me pregunto si realmente quienes se dicen escritores, saben de la responsabilidad tan grande que es publicar un libro sobre “como…”. Es tanto como tratar de hacer una edición de un libro de historia, o escribir un libro de idiomas, precisamente. No existe una verdad absoluta. Inclusive el tratar de recrear un libro de historia tiene sus posibles recaídas de veracidad.
Entonces, ¿por qué tenemos tanto ahínco en aprender sobre matemáticas, física, química, idiomas, derecho… que por la vida?. ¿Estaremos de verdad aprendiendo a base de prueba y error?. ¿aprendemos por repetición? ¿estamos aplicando el “monkey see monkey do”? ¿aprendemos con el ejemplo? ¿aprendemos, poco a poquito? ¿tenemos VOLUNTAD para aprender?.
Si no podemos aprender con base a texto, entonces forzosamente deberá ser con base a experiencia. De niños sabemos que si nos quemamos una vez con la comida, a la próxima no comeremos aceleradamente cuando este el plato caliente. Cuando nos caemos una vez de la bicicleta, aprendemos a andar con mas precaución. Vamos aprendiendo de las cosas que no nos gustan y también de las que nos agradan conforme vamos experimentándolas. De ahí nuestras comidas favoritas, o nuestros hobbies… ¿y cuando nos accidentamos? ¿Que tal la clásica historia de no volverte a subir a la bicicleta, precisamente, o no usar los patines después de una caída dramática y tormentosa?. Mi mama dice que yo di mis primeros pasos exactamente al año. Un día, bajando un escalón en casa de los abuelos, me partí la boca (por no decir mas feo…). Me tomo alrededor de un año volver a caminar. ¡Aun cuando ya sabia!. Cuenta también mi mama que cada vez que me bajaban a nivel piso a que intentara caminar de nuevo yo lloraba cual Magdalena. ¿Estaría predestinándome desde ese entonces a no dar paso en balde hasta estar segura de el?
Sigo preguntándome entonces, que nos hace falta para aprender.
Aprender de los errores pasados, de los problemas en que estuvimos. ¿Cuál es el bloqueo fundamental que tenemos como para no saber reconocer una situación en la que ya hayamos estado anteriormente? Y si la reconocemos ¿por qué volvemos a caer en ella?. Cierto es que no existe un patrón determinado, eso me queda mas que claro, sin embargo, hablábamos de ver la vida como una escuela también. ¿Será acaso una vida repleta de “felicidad” y armonía, lo que un diploma a la academia?. Estoy segura que cada quien tiene sus “diplomas” bien idealizados, si no, porque estaríamos matándonos en el trabajo día a día, o porque seguimos buscando a la persona ideal para nosotros, o porque convivimos… Al final, cuando creemos que ya “terminamos” la academia ERROR, la escuela nunca se acaba. Cierto es que no estamos forzosamente en un aula, ni tenemos maestros de titulo, pero si estamos rodeadas de alumnos, todos estamos aprendiendo, todos estamos compitiendo, todos estamos queriendo terminar primero y mejor. ¿maestros? ¡Ahí esta el truco!. Es mas complicado estar consiente de estar viviendo en la escuela de la vida, porque somos alumnos y maestros a la vez. Comprender el gran compromiso social y la responsabilidad que esto implica, en ocasiones, como me pasa a mi, no nos permite disfrutar por completo de las “lecciones”. Y como en toda escuela, existen los agentes activos, los que van de paso, los que lo mismo les da bien que mal, los bromistas, los pesimistas, los jóvenes, los “atrasados de año”… (piensen cuantos adultos de mas de 40 años hemos visto en fiestas de gente de 20).
Se dice que el ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces. Yo me he tropezado con la misma piedra mas de dos veces, créanme. Y me siento orgullosa porque ya tengo cayo. Aprendí. Prueba y error. Definitivamente yo si prefiero aprender de mis errores, de las pruebas de la vida. Aun cuando siga confiando y creyendo en la gente, cada día que pasa confío mas en mi. Ahora bien, recuerden que para aprender se requiere voluntad, no tirar la toalla y tener los ojos bien abiertos. (no hay peor ciego que el que no quiere ver)…
Dije que iba a comentar el caso de mi primo Miguel que esta avalado por la Universidad de Cambridge. Lo retomo. Si estamos en la escuela de la vida, con las herramientas adecuadas, y seguimos, aun así queriendo terminar “el curso” de la mejor manera, es entonces cuando comienzan a sobresalir los elementos de los cuales deberemos acompañarnos el resto de nuestras vidas. Así como en la prepa buscábamos ser “amigos” de la o el mas inteligente, así recomiendo yo, hacerlo en la “vida real”. No es necesario chutarse el ultimo libro de automotivación. Basta con saber rodearse de las personas adecuadas. Basta con saber convivir, aportar y aprender. APRENDER. Miguel, aun sin saberlo y sin mas interés que el de gozar de su compañía, es uno de los mejores maestros que he tenido. La admiración también puede trasformarse y significar amor. Recuerden eso.
¿Cuántos “maestros” hemos tenido en la vida?. Los padres son nuestros primeros maestros, ¿realmente aprendemos de ellos? O ¿al igual que en la primaria los aborrecemos?. Puede parecer muy optimista de mi parte, pero al final del día ¿no es lo que te ofrecen los “libros de texto de la vida”?.
Toda persona que esta a nuestro alrededor tiene algo que aportar. El secreto no esta en aferrarse a alguien y convertirse en dependiente de… el secreto esta en que no nos pase como a la niña que tenia miedo de usar sus zapatos nuevos… cuando se decidió a usarlos ya no le quedaban.
La vida esta ahí. Todos los días, todas las mañanas, todos los atardeceres, todos los días de sol y los de lluvia también. Todos los días de amor, de desamor, de alegría, de nostalgia… atreverse, lanzarse, sonreír y ver la vida con el color que quieras pintarla (como en preescolar), dependerá única y exclusivamente de nosotros. Aquí no hay aprobados ni reprobados, aquí la calificación final te la das tu mismo. No seas severo, la perfección es solo un mito, una explicación tonta de los que se sienten con menos “suerte”. La suerte es solo cuando la preparación y la oportunidad se conocen. Y la oportunidad esta todos los días frente a nosotros. Todos los días esta ahí la vida. Es como si tuvieras la oportunidad de presentar un examen final todos los días .sin material para estudiar, solo lo que traes en tu mochila. Solo eso. Atrevernos a “llenar en los espacios en blanco” como cuando llenábamos los ejercicios de gramática, es tan fácil como decidirse a usar los zapatos nuevos, porque es el momento de usarlos. Ahora es el momento.
Yo estoy usando los míos, y ¡me encantan!.
(De aprendiz).
1. m. Acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa.
2. m. Tiempo que en ello se emplea.
3. m. Psicol. Adquisición por la práctica de una conducta duradera.
Estando en Hermosillo, mi tierra, tuve la oportunidad de reflexionar sobre el aprendizaje. Cuando niños, es casi casi “a fuerza”, cuando jóvenes es, quizá mitad y mitad; mitad a fuerza, mitad status social, mitad sentido de pertenencia, mitad deber y querer. Cuando se es grande entonces, ¿a que obedece el aprender?.
Fui invitada a observar una clase en el departamento de lenguas extranjeros en la Universidad de Sonora por parte de Miguel, uno de mis primos, quien, además de estar avalado por la Universidad de Cambridge (volveré a este tema mas adelante), es uno de los maestros mas reconocidos en este medio. Lo comento porque me pareció fascinante, como, primeramente, sus alumnos no eran menores de los 20 años. Y estaban ahí por distintas razones. Algunos por validez académica, otros por cuestiones laborales, otros por verdadero gusto… lo que me lleva a constatar el primer punto que trate sobre el aprendizaje. Encontrándome en medio del salón, me di cuenta que la vida en general es una gran escuela. Entonces, si la vida y la academia convergen, ¿porque entonces es solo en la academia donde seguimos al pie de la letra las lecciones de los libros de texto?. Yo veía ese día, alumnos escribiendo la lección, repasándola en sus libros, practicando en voz bajita, compartiendo con el resto de los alumnos… y entonces, me vino a la cabeza esta idea de tener un manual de vida.
Si para la academia se requiere investigación, análisis, teorías, mas investigación, para poder enseñar “una verdad”, entonces, para la vida ¿en que nos basamos?. Cierto es que tenemos La Biblia -yo considero que, creyente o no, se debe apreciar por la aportación que a lo largo del tiempo ha tenido sobre la humanidad. (pero siento que no es estrictamente necesario en estos tiempos tener religión o creencia, no podemos tomar a la Biblia como referencia. Bendito libre albedrío). Existen libros de superación personal, de Autoestima, para solteros, para divorciados, para viudos, para soledades, para compañías, para niños, para padres, para niños, para familias, para viajar, para arreglar cosas banales… y entre tanta variedad, me pregunto si realmente quienes se dicen escritores, saben de la responsabilidad tan grande que es publicar un libro sobre “como…”. Es tanto como tratar de hacer una edición de un libro de historia, o escribir un libro de idiomas, precisamente. No existe una verdad absoluta. Inclusive el tratar de recrear un libro de historia tiene sus posibles recaídas de veracidad.
Entonces, ¿por qué tenemos tanto ahínco en aprender sobre matemáticas, física, química, idiomas, derecho… que por la vida?. ¿Estaremos de verdad aprendiendo a base de prueba y error?. ¿aprendemos por repetición? ¿estamos aplicando el “monkey see monkey do”? ¿aprendemos con el ejemplo? ¿aprendemos, poco a poquito? ¿tenemos VOLUNTAD para aprender?.
Si no podemos aprender con base a texto, entonces forzosamente deberá ser con base a experiencia. De niños sabemos que si nos quemamos una vez con la comida, a la próxima no comeremos aceleradamente cuando este el plato caliente. Cuando nos caemos una vez de la bicicleta, aprendemos a andar con mas precaución. Vamos aprendiendo de las cosas que no nos gustan y también de las que nos agradan conforme vamos experimentándolas. De ahí nuestras comidas favoritas, o nuestros hobbies… ¿y cuando nos accidentamos? ¿Que tal la clásica historia de no volverte a subir a la bicicleta, precisamente, o no usar los patines después de una caída dramática y tormentosa?. Mi mama dice que yo di mis primeros pasos exactamente al año. Un día, bajando un escalón en casa de los abuelos, me partí la boca (por no decir mas feo…). Me tomo alrededor de un año volver a caminar. ¡Aun cuando ya sabia!. Cuenta también mi mama que cada vez que me bajaban a nivel piso a que intentara caminar de nuevo yo lloraba cual Magdalena. ¿Estaría predestinándome desde ese entonces a no dar paso en balde hasta estar segura de el?
Sigo preguntándome entonces, que nos hace falta para aprender.
Aprender de los errores pasados, de los problemas en que estuvimos. ¿Cuál es el bloqueo fundamental que tenemos como para no saber reconocer una situación en la que ya hayamos estado anteriormente? Y si la reconocemos ¿por qué volvemos a caer en ella?. Cierto es que no existe un patrón determinado, eso me queda mas que claro, sin embargo, hablábamos de ver la vida como una escuela también. ¿Será acaso una vida repleta de “felicidad” y armonía, lo que un diploma a la academia?. Estoy segura que cada quien tiene sus “diplomas” bien idealizados, si no, porque estaríamos matándonos en el trabajo día a día, o porque seguimos buscando a la persona ideal para nosotros, o porque convivimos… Al final, cuando creemos que ya “terminamos” la academia ERROR, la escuela nunca se acaba. Cierto es que no estamos forzosamente en un aula, ni tenemos maestros de titulo, pero si estamos rodeadas de alumnos, todos estamos aprendiendo, todos estamos compitiendo, todos estamos queriendo terminar primero y mejor. ¿maestros? ¡Ahí esta el truco!. Es mas complicado estar consiente de estar viviendo en la escuela de la vida, porque somos alumnos y maestros a la vez. Comprender el gran compromiso social y la responsabilidad que esto implica, en ocasiones, como me pasa a mi, no nos permite disfrutar por completo de las “lecciones”. Y como en toda escuela, existen los agentes activos, los que van de paso, los que lo mismo les da bien que mal, los bromistas, los pesimistas, los jóvenes, los “atrasados de año”… (piensen cuantos adultos de mas de 40 años hemos visto en fiestas de gente de 20).
Se dice que el ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces. Yo me he tropezado con la misma piedra mas de dos veces, créanme. Y me siento orgullosa porque ya tengo cayo. Aprendí. Prueba y error. Definitivamente yo si prefiero aprender de mis errores, de las pruebas de la vida. Aun cuando siga confiando y creyendo en la gente, cada día que pasa confío mas en mi. Ahora bien, recuerden que para aprender se requiere voluntad, no tirar la toalla y tener los ojos bien abiertos. (no hay peor ciego que el que no quiere ver)…
Dije que iba a comentar el caso de mi primo Miguel que esta avalado por la Universidad de Cambridge. Lo retomo. Si estamos en la escuela de la vida, con las herramientas adecuadas, y seguimos, aun así queriendo terminar “el curso” de la mejor manera, es entonces cuando comienzan a sobresalir los elementos de los cuales deberemos acompañarnos el resto de nuestras vidas. Así como en la prepa buscábamos ser “amigos” de la o el mas inteligente, así recomiendo yo, hacerlo en la “vida real”. No es necesario chutarse el ultimo libro de automotivación. Basta con saber rodearse de las personas adecuadas. Basta con saber convivir, aportar y aprender. APRENDER. Miguel, aun sin saberlo y sin mas interés que el de gozar de su compañía, es uno de los mejores maestros que he tenido. La admiración también puede trasformarse y significar amor. Recuerden eso.
¿Cuántos “maestros” hemos tenido en la vida?. Los padres son nuestros primeros maestros, ¿realmente aprendemos de ellos? O ¿al igual que en la primaria los aborrecemos?. Puede parecer muy optimista de mi parte, pero al final del día ¿no es lo que te ofrecen los “libros de texto de la vida”?.
Toda persona que esta a nuestro alrededor tiene algo que aportar. El secreto no esta en aferrarse a alguien y convertirse en dependiente de… el secreto esta en que no nos pase como a la niña que tenia miedo de usar sus zapatos nuevos… cuando se decidió a usarlos ya no le quedaban.
La vida esta ahí. Todos los días, todas las mañanas, todos los atardeceres, todos los días de sol y los de lluvia también. Todos los días de amor, de desamor, de alegría, de nostalgia… atreverse, lanzarse, sonreír y ver la vida con el color que quieras pintarla (como en preescolar), dependerá única y exclusivamente de nosotros. Aquí no hay aprobados ni reprobados, aquí la calificación final te la das tu mismo. No seas severo, la perfección es solo un mito, una explicación tonta de los que se sienten con menos “suerte”. La suerte es solo cuando la preparación y la oportunidad se conocen. Y la oportunidad esta todos los días frente a nosotros. Todos los días esta ahí la vida. Es como si tuvieras la oportunidad de presentar un examen final todos los días .sin material para estudiar, solo lo que traes en tu mochila. Solo eso. Atrevernos a “llenar en los espacios en blanco” como cuando llenábamos los ejercicios de gramática, es tan fácil como decidirse a usar los zapatos nuevos, porque es el momento de usarlos. Ahora es el momento.
Yo estoy usando los míos, y ¡me encantan!.
jueves, 30 de septiembre de 2010
¿No importa de donde vienes, sino a donde vas? Mmm…
¡NO LO CREO!
El día de hoy viajo a Hermosillo Sonora. Escribo desde la sala de espera del aeropuerto de la ciudad de México… Espero mi vuelo. Estar esperando y viendo a tantos viajeros, solo me trajo a la mente, la melancolía de volver a las raíces y lo que esto significa. Vivimos en un mundo tan agitado que, difícilmente, nos paramos a pensar de donde venimos. Normalmente pensamos a donde vamos. Y esta pregunta es tan extensa como plantearse las metas del año, como plantearse el giro que dará tu vida. ¿A donde vamos? Resulta patético pensar que solamente podemos imaginar el futuro sin poder hacer una remembranza de nuestros años pasados. Pensar de donde venimos en ocasiones es mal interpretado como “ver hacia atrás” y dice el dicho que “patras ni para agarrar impulso”… yo lo veo mas bien como el nunca olvidar de donde venimos, eso siempre nos puede dar la perspectiva y la fuerza para saber hasta donde podemos llegar. Por que pensemos un poquito, por algo existe la evolución no nada mas de las especies, sino también del comportamiento humano. Pero siempre tendremos las bases que nos hacen haber evolucionado en comportamiento, costumbres y metas, hasta estar donde tenemos que estar. Pero una estructura jamás será sólida si tiene cimientos débiles. (no soy ingeniero civil, pero creo saber un poco de cimientos). A mi me gusta recordar de donde vengo. Por que vengo de una cultura del esfuerzo, de una cultura de amor y respeto por los demás así como por uno mismo. Vengo de la “tierra caliente”. Vengo de donde se come carne asada con tanta familiaridad como en donde otras partes se comen tacos de canasta y tortas de tamal. Vengo de un lugar en donde a donde llegues, siempre encontraras un lugar extra en la mesa y un abrazo calido de bienvenida. Vengo de la ciudad del sol. Vengo de un lugar donde no llueve y eso, créanlo o no, nos hace mas fuerte… vengo de donde el cielo se pinta de colores, como si fuera un lienzo donde Dios, aprovecha desde el sol, las nubes y hasta el viento caliente, para hacer sus mas maravillas obras de arte. Vengo de donde pasearse en catedral por las tardes es una delicia, eso si, no puedes dejar de sentarte a ver como llega la noche y el clima se torna unos grados mas agradable… vengo de donde toma cerveza a cualquier hora en días de calor, es lo mas natural del mundo (¡y todavía hay quienes se maravillan de países Europeos que beben cerveza hasta en los restaurantes de comida rápida!)… vengo de esta tierra donde las mujeres son independientes, fuertes, de carácter, “calzonudas”… vengo de donde el desierto se junta con el mar, donde la sierra le canta a sus cerros nevados y de donde el valle brinda las mejores frutas de temporada… vengo de Sonora.
¿Y todavía se preguntan? porque no le tengo miedo a “la gran ciudad”. ¿Por qué? Por que todavía creo en la gente. Por que estoy segura que, parte de que no me hayan pasado percances que lamentar, aquí en la que hoy es mi ciudad, depende principalmente a que, primero, no ando en lugares donde se debe, y segundo, porque mi tierra, me enseño a tener la mejor actitud siempre, a dar una sonrisa, a platicar con todo mundo, desde el taxista, hasta el señor que te esta preparando tus taquitos al pastor (si, esos de las tortillas chiquititas)… mi tierra me enseño a confiar en la gente. Y si tratas como te gustaría que te tratasen, como dirían en Hermosillo “ya la hiciste”. Y vuelvo al comienzo de esto, regresar a tus raíces. Volver a sentirte niño de nuevo. Aun cuando las calles se vean chiquitas, aun cuando los colores de tu ciudad no los veas con la misma nitidez, espera un poco… seguro llegaran de nuevo. Concéntrate y seguro podrás oler de nuevo las tardes de otoño de tu niñez. Cuando jugabas en la calle con tus amigos. Las frescas mañanas de ir a la escuela… ¿cuánto hace que no recuerdas tu pueblo? La calle que te vio crecer, tus vecinos, las anécdotas de tu adolescencia. Los árboles que tanto te vieron caminar. ¿En que momento, dejamos de lado recordar, esos momentos tan maravillosos que nos hacen ser lo que somos ahora, por atormentarnos por el trafico, los deadlines espantosos de nuestros respectivos trabajos, las prisas, la contaminación, la situación política, social, cultural y económica del país?. Estos días que estaré alejada de la ciudad de México (no me lo tomen a mal, amo la ciudad de México), pero estos días me servirán para re-plantearme en donde estoy parada, que tan lejos he llegado y cuanto mas quiero seguir avanzando. Y no tienes que ir a donde naciste o creciste para lograrlo. Créanme, por las tardes, cuando salgo a caminar con Lola, siempre pienso en cuantos pasos se requiere dar para estar parados en donde estamos ahora.
Existe una tradición en México, que por razones de avances tecnológicos y médicos ya no se practica, pero antes, se enterraba el ombligo de los bebes cuando se desprendía. Lo enterraban en donde estuvieses, de esta forma, siempre tendrías un lugar a donde regresar. Pobres bebes modernos que ahora tienen sus cordones congelados por si acaso en un futuro las células madres pueden salvarlos de una enfermedad. Mírenme a mi, ya crecidita (¡no se rían!) y mi cordón se lo comió una rata en el rancho de mis abuelos. Quizá por eso me ha costado tanto trabajo encontrar donde debo estar, porque mis células madres terminaron en la panza de una rata de campo. Pero eso si, aun cuando nunca se haya enterrado, se donde están mis raíces, y siempre vuelvo a ellas. Eso se lleva en la sangre.
¿Se acuerdan de las escrituras bíblicas? Cuando se referían a tal o cual personaje, siempre se decía el nombre, la tribu a la que pertenecía (ósea el apellido) y luego el lugar de donde venían. Yo podría decir entonces: Claudia de la tribu de los Orduño de Hermosillo Sonora. Ahora entiendo porque algunas señoras de “sociedad” les da por hacer las entupidas peguntas de: “¿y de donde es tu apellido?” “¿y de que parte de la ciudad eres?” “¿ no conoces a la familia fulanita de tal?”… ahora entiendo, es identificar. Uno de mis muy queridos y mejores amigos y de las mejores personas que he conocido, Omar (omito su apellido para no sonar como señora de sociedad. ¡Ja!) encontró la mejor respuesta a estos cuestionamientos, se las paso: primero, digan los apellidos de sus papa y de donde viene, el lugar. Luego los apellidos de sus mama y de donde viene. Ya lo comprobamos. Una vez que se nos ha identificado, ya no habrá mas molestias al respecto. Los perros huelen a otros perros para “identificarse” ( y para otras cosas también) y los humanos hacemos preguntas como estas para ponernos la etiqueta ¿o no?. Yo me tope con alguien el fin de semana que hacia unos meses atrás, me había hecho unas preguntas muy incisivas en una cena. Tales como: “¿y de donde es tu apellido eh?” “Ah de Sonora. Mira. Niña de familia entonces”. Créanme que me tomo alrededor de tres meses poder tener a esa persona de frente de nuevo y entonces, a manera de, dadas las circunstancias, quedar bien de nuevo, trato de explicarse sobre sus incisivos cuestionamientos. “No es que, ¿la gente del norte son muy sinceros verdad?” decía, mientras yo sonreía por dentro. Pero, siendo totalmente honestos, es cierto. Saber de donde venimos es como los perros que se huelen entre si, es saber que marco histórico y cultural traemos. Así como para los negocios debemos conocer los modos y costumbres de con quien estamos negociando (bendita globalización) así mismo es con el diario convivir. Quizá yo no sea la fiel representante de la cultura sonorense, pero si disfruto mucho la diversidad cultural de cada lugar. Es todavía impresionante para mi, como siendo un mismo país, hablemos diferente idioma. Es fascinante. ¡Ah! Pero es de todos conocidos que si nos encontramos con gente del mismo estado o del mismo país, estemos donde estemos, se rompen las barreras de regionalismos y entonces pareciera que Mexico no tiene fronteras ni estados ni costumbres diferentes. Los mexicanos somos los únicos que nos emocionamos sobremanera, y sentimos un nacionalismo impresionante. Mexicano que se encuesta a Mexicano en el extranjero, hace que México sea una sola “tribu”. No me digan que nunca en la vida no se han encontrado a un mexicano en otro país, y entonces, aun sin conocerse, la emoción se convierte en un patriotismo que termina casi casi en entonar el himno nacional estés donde estés. Orgullosamente si les digo que si me encuentro a un sonorense en al ciudad de México, de perdida la barca de Guaymas si me la canto. A mucha honra.
De verdad te exhorto a analizar un poco de donde vienes. Creo que podrás encontrar el momento adecuado para tomarte un tesito o cafecito y sentarte a recordar. Dicen que recordar es vivir. En estos tiempos, recordar, para mi, es ¡cargar pilas!. Si al final de que leas esto, logre que te acordaras hasta del señor de la tiendita de la esquina, créeme que me dará un gusto enorme. Estoy segura que lograre arrancarte un suspirito de nostalgia. Mas no te pongas melancólica, suspira, sonríe y sigue caminando. Ese suspiro y esa sonrisa, fueron al menos dos rayitas mas de “pila”. Créeme.
Y entonces, aquí me encuentro sentada rodeada de recuerdos, rodeada de historias, rodeada de mi tierra. Alrededor la gente se apresura a tomar sus vuelos. Y así lo hago yo también. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, si todos los viajeros tendrán estas mismas remembranzas de su tierra, de sus historias, de sus vidas. Quisiera pararme y preguntarles a todos de donde vienen, y no a donde van… y debo admitir, a algunos se les nota en el rostro… como a mi, que no puedo ocultar el enorme orgullo, gusto, felicidad y emoción que me da regresar a mi Hermosillo querido, aunque sea por unos días. Se me nota el Sahuaro en la frente. Lo porto con orgullo. Si todos portásemos nuestra “regionalidad” con orgullo, créanme que se nos abrirían mas puertas. Yo culpo a eso el hecho de tener la llave para muchas de ellas, y para el corazón de la gente maravillosa que me ha sabido brindar ese calor de hogar que tanto me reconforta. Quizá por eso he podido encontrar en la ciudad de México mi segundo hogar, por su gente maravillosa. Pero con todo eso, créanme , ¡muero de ganas de estar en mi tierra! abrazar a mi gente, pasear por sus calles y sentir su sol en mi piel. Como diría el dicho: de eso pido mi limosna.
septiembre 29, 2010
Aeropuerto Internacional de la ciudad de México.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Nunca nada bueno resulta de tomar decisiones apresuradas...
En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones.
Woody Allen (1935-?) Actor, director y escritor estadounidense.
En ocasiones, no nos percatamos de lo importante que es tomar una decisión. Nos pasamos la vida haciendo planes, programando, enrolándonos en el camino de nuestras vidas agitadas que súbitamente llegamos a pensar con el “estomago” y no con la razón… es decir, nos volvemos mas viscerales, y entonces, vienen los problemas. Una decisión tomada con mucho “acelere” origina que todos nos volvamos vulnerables, que no nos demos tiempo para pensar bien las cosas y ver las múltiples posibilidades que pueden presentársenos.
Pero, como diría mi padre, es importante de vez en vez hacer un alto en el camino para ver, hacia donde vamos, a donde queremos llegar, que hemos logrado, cuanto hemos avanzado… nuestras decisiones son parte de este alto en el camino que deberíamos hacer, puesto que, en innumerables ocasiones dejamos las cosas para después, decidimos a la ligera, no nos responsabilizamos por nuestros actos y olvidamos que cada cosa que hagamos o dejemos de hacer (o mal hagamos en su defecto) afectara necesariamente la vida de los demás, o el ritmo de la vida en general.
Hace unos días, estaba escuchando un poco de la historia de Alexander Fleming, creador de la penicilina. La persona que en la radio local leía un extracto de su vida, comentaba que el padre de Fleming, había salvado nada mas y nada menos que a Winston Churchill cuando aun era pequeño de un accidente fatídico. El padre de Churchill ofreció en agradecimiento educar a Fleming de la misma forma como educaría a su hijo. El padre de Fleming acepto y el resto, es historia. Al tiempo, fue precisamente la penicilina quien ayudo a conservar unos años mas con vida a Sir. W. Churchill. Me llamo muchísimo la atención esta historia porque, sin duda alguna, cuando nos topamos frente a un evento que requiere que tomemos una determinación, en realidad estamos afectando el curso de la vida. Quizás si Fleming no hubiese tenido esta buen educación, no hubieran sido tan útiles sus descubrimientos y todo por un acto de generosidad de su padre, una decisión acertada.
Podemos verlo en casos extremos como este, o en situaciones mas sencillas. No sabemos si el camino nuevo por el cual decidimos transitar hoy será en realidad una oportunidad para ver un paisaje que desconocíamos, o conocer a alguien nuevo.
¿Te has puesto a pensar en todas las decisiones que tomas en la vida? Es mas, es mas, no solamente en la vida… pensemos, el día de hoy, ¿cuántas decisiones importantes tomaste?. En el trabajo, en tu vida personal, en el hogar.. bueno hasta que comer. Las mujeres tenemos una responsabilidad mayor en este proceso de toma de decisiones.
Por ejemplo, si decidimos ser 100% profesionistas: no familia, no matrimonio, no hijos… y por el contrario, si decidimos formar un hogar, elegir al compañero adecuado, cuantos hijos tener, donde vivir, cuando comprar la casa. Siento que si este proceso de tomar decisiones mas formales a todas nos llega alrededor de los treinta años, cuando debemos pensar hacia donde direccional nuestra vida. Sien embargo, tomamos decisiones desde pequeños, por ejemplo si queremos jugar, si decidimos por tal o cual deporte a practicar… se dice también, que tomar una buena decisión va ligada a el gusto, es decir, si te gusta algo seguro optaras por esa opción, verdad que si?. Sin embargo, hay decisiones que no nos pueden gustar tanto; pensemos en un doctor, que lucha día a día por preservar la vida de las personas… esas si son decisiones de muchísima responsabilidad.
Haciendo alusión a la frase que acompaña la columna de hoy, ¿qué opinan? ¿seremos las mujeres quienes decidimos en casa? Yo aun soy soltera, así que no puedo emitir una opinión todavía… (prometo contarles después). Pero se vale que me platiquen… mis amigas casadas ya, me dicen que es un 50-50, algo así como ganar ganar. Fíjense, hasta en eso… total que nuestra vida es decisiones… decisiones (como diría Jude Law en su inolvidable papel de Alfie en su re-make del 2004: “decisions decisions”).
La moraleja de la columna de esta semana es: hagámonos responsables de nuestros actos, de lo que decidamos y de que camino queremos tomar en la vida. Nuestros pasos, nuestras acciones, nuestro diario vivir, afecta el medio en el que estamos, hay que dejar impacto en las personas a nuestro alrededor pero con un toque positivo.
Nunca hay que tomar decisiones en momentos de ira y de dolor.
Nos leemos pronto, y gracias por sus comentarios!!!
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