Actitud:
Comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas.
Entonces, cuando nos dicen cambio de actitud, se están refiriendo a un cambio de comportamiento o de perspectiva sobre las cosas. ¿Que tan difícil es cambiar nuestros patrones de vida?. El titulo de la columna de esta semana es precisamente en relación a detenernos un momento y pensar si la forma en la que abordamos las situaciones que se nos presentan cotidianamente es la correcta. Y la correcta no para los demás, sino para alcanzar una satisfacción personal y tranquilidad.
A pesar de las circunstancias que ponen a prueba nuestro comportamiento en general, existen ciertos matices de la vida que nos pueden ayudar a comprender que la mayoría de las veces no es tanto el problema o dificultad si no el valor que le demos. ¿Sabes a lo que me refiero, no? estos “matices” están ahí, presentes, todo el tiempo, por las mañanas, en el café de la esquina, en el supermercado, en el colegio de los niños, hospitales, oficinas, gimnasios, parques… en todas partes. ¿No los has visto? ¡Claro que si! Pero seguramente estábamos muy apurados para notarlos o demasiado estresados. Me refiero a las cosas mas sencillas de la vida. Nota importante: no esperes que traigan una etiqueta de uso, ni un letrero luminoso para que sepamos reconocerlas. Algunos libros, autores, psicólogos y hasta terapeutas sugieren que cuando se requiere hacer un cambio de actitud va ligado a una introspección, a un análisis del marco histórico y conceptual de la persona, al lugar de procedencia , la familia, la cultura, la educación, la formación … y tienen razón. Poder descubrir el hilo negro de nuestro comportamiento puede parecer una tarea caótica (tenemos miedo a saber que somos, a encontrarnos con nosotros mismos). Pero vamos a hacer una prueba muy sencilla (contesta con honestidad): ¿cuantas sonrisas verdaderas reconociste esta mañana al salir de tu hogar?, ¿cuántos abrazos contaste recibidos hoy, al finalizar el día?, ¿cuántas veces observaste el cielo hoy? Si, si, puede sonar a frases de libro de superación personal, pero es cierto, rara vez nos damos el tiempo de disfrutar y nutrirnos de cosas simples, cosas que a simple vista no pudiera tener un significado mayor que el sentimental pero, si le damos su justa dimensión, esas cosas que dejamos pasar, pueden ayudarnos mas de lo que pudiésemos imaginar. Y lejos de una terapia larga y extenuante, la solución a muchos problemas sencillos de nuestro comportamiento esta en saber apreciar, valorar y admirar las cosas que nos rodean que justamente están ahí como esos pequeños matices de la vida agitada o del mundo agitado, de un cielo que parece caérsenos encima en ocasiones y que en realidad, no nos permite comprender que no hay NADA en esta vida que no tenga solución.
La justa dimensión de las cosas, la profundidad de aquellas que son parte de nuestro vivir, solo pertenece, precisamente, a nosotros mismos. El que tu coche sufra una avería puede parecer un caos total para tu día de múltiples quehaceres, pero puede parecer insignificante para la mama que tiene a su hijo en el hospital, o para el estudiante que réprobo su examen final, o para el niño de kinder que olvido la poesía del día de las madres en pleno espectáculo. Si ponemos en una gráfica las cosas que componen nuestra vida (dulces y amargas) sería imposible graficar el grado de afectación de manera universal. La sensibilidad que tenemos para percibir lo que nos rodea va directamente relacionada con la capacidad para almacenar esos “picos” de felicidad; por ejemplo, un momento en el que te rías mucho y estés rodeado de la gente que mas quieres, ese tipo de memorias, las guarda tanto tu mente como tu cuerpo y si somos sensibles a ellos, podemos ir creando un estilo de vida mas sano.
Barbra Streisand, en el musical Yentl (altamente recomendada como ejemplo de tenacidad de la mujer que quiere crecer… pero esa, es otra historia) en una de sus canciones, dice algo mas o menos así (traducido): “todo comenzó, el día que descubrí, que desde mi ventana solo podía ver un pedacito de cielo, salí y lo vi, y nunca me imagine que pudiera ser tan alto y tan grande…”. Si te sientes encerrada en cuatro paredes, si esas cuatro paredes son “imaginarias”: ¡sal!, sal de ti, de la rutina, observa lo maravilloso que es el mundo, ¿has dado gracias por estar vivo hoy?. Recuerda que cada día tenemos la oportunidad de reconocer nuestros errores y empezar de nuevo y sobre todo ¡aprender!. Déjate envolver por un mundo más vivo, déjate impresionar por los detalles sencillos que considero, serán los únicos capaces de salvarnos de este mundo tan frío y desensibilizado; respira, siente el sol, piensa en cuanta gente no tiene la oportunidad de sentir, de caminar, de reír… Debemos tener la inteligencia emocional necesaria, al menos, para no dejar que las cosas que tienen solución perturben nuestra tranquilidad. Si se te dificulta descubrir las cosas mas sencillas de la vida, no te preocupes, cuando nos volvemos “adultos” vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro, pero basta con que recordemos cuando éramos niños como nos maravillaban los pequeños detalles que hasta algunos se convirtieron en las grandes bases de nuestra formación. Al final del día, piensa que la vida es tan bella pero también (como diría el comercial de reconocida marca de refrescos), lo único malo de la vida es que es demasiado corta.
La buena actitud no llega de la noche a la mañana; una buena actitud esta alimentada por un ambiente de tranquilidad, por positivad, por buenos recuerdos, y vuelvo a comentar: por una felicidad como estilo de vida no como estado de animo.
Una semana mas… quiero agradecer sus comentarios y su lectura.
¡Nos leemos pronto!
Guía práctica sobre la transformación de la mujer del siglo XXI. Breve Análisis sobre las "mujeres modernas del mundo moderno"...
lunes, 18 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
... Lo que NOSOTRAS queremos.
En que nos quedamos? Les comentaba que cuando a pesar de lo complicadas que somos, y que en ocasiones no sabemos ni para donde caminar, cuando nos trazamos una meta, difícilmente fallamos en alcanzarla. Cuando queremos obtener determinado trabajo, estudiar determinada carrera, generar logros profesionales, lo logramos. Hay como una programación especial en nosotras que nos hace ser capaz de tener una fuerza especial que vence cualquier momento personal de contrariedades para que este no entorpezca nuestros planes.
Esta semana escuche una historia que me llamo mucho la atención y me hizo reflexionar sobre las capacidades de una mujer. La historia era sobre una madre que al ver a su hijo atrapado bajo un coche, fue capaz de levantar el coche unos centímetros para salvarlo… ¿increíble? A si me costo trabajo creerlo por completo, pero después le pregunte a una doctora y me comento que si es posible; el cuerpo humano no sabe cuanto puede dar de si hasta que se le exige. Las emociones, el corazón y el cerebro de una mujer funcionan diferente a la de los hombres y llegado el momento, la adrenalina y todo conjugado, hacen que reaccionemos de formas que nunca antes nos imaginamos. Me pongo a pensar en las madres que hacen todo por alimentar a sus hijos, por luchar por su educación... me pongo a pensar en las Adelitas, pero ese, es tema para otra columna...
Bueno, es una historia que me impactó muchísimo y quería compartirla con ustedes. Y tiene sentido… ¿que no haríamos por lo que queremos? Cuando una mujer decide formar un hogar (lo platicábamos en columnas anteriores), sabe perfectamente a que se esta enfrentando, si dejara su vida profesional, se dedicara por completo a la familia, o combinara ambas. Tomemos por ejemplo, a una mujer que descubre, una vez que sus hijos han crecido, que quiere retomar su carrera, lo hace. Se lanza, busca, aprende de nuevo, crea, genera empleos, se autoemplea, porque nos conocemos, sabemos de que estamos hechas y de que somos capaces.
Me comentaba un lector, que hay mujeres que no se atreven a opinar, que todavía existe esa barrera entre luchar y no luchar. Ciertamente, habrá mujeres que aun no se han descubierto, pero lo harán. Las circunstancias que nos rodean son diferentes. No podemos comparar a la mujer cosmopolita de New York, con la mujer Yaqui de Sonora, mujer con una tenacidad impresionante, de carácter fuerte y decisiones firmes. Son ambientes diferentes en donde se desenvuelven, lo que para una es fundamental para la otra puede ser un mundo desconocido. Y en ambos carriles de “lucha” se encuentra un elemento en común, la supervivencia.
¿Qué pasaría si las mujeres hiciéramos “huelga” a nivel mundial por un día?. ¿Por donde empezar? Bancos, escuelas, hospitales, oficinas de gobierno, oficinas particulares, empresas, corporativos, guarderías, restaurantes, hoteles, aerolíneas, ¿le sigo? Imagínense todo lo que se “detendría” por un momento. Hemos llegado a decir que en ocasiones no se necesita a una mujer en el hogar, pero, ¿Qué tal trabajando? ahí si, ahí si…
Si las mujeres dejáramos de trabajar un solo día, detendríamos muchas industrias, tanto de productos como de servicios, y esto es una pequeña muestra que, si nos lo proponemos, sabemos perfectamente hasta que punto escalar. En nuestro país, particularmente, siempre nos hemos distinguido por ser mujeres muy fuertes. Y en alguna ocasión, me comentaron que no, que hemos sido mujeres muy “dejadas” y acostumbradas al “machismo”. Momento. ¿Ya olvidaron en nuestro país, quienes se lanzaban a la revolución (ojo: les estoy hablando de hace menos de cien años!!!) quienes han luchado por poder ingresar a una universidad, quienes han sido las precursoras de avances tecnológicos, científicos y en medios de comunicación?
¿Feminista? NO. Realista. Seguiremos preguntándonos… ¿Qué quieren las mujeres?. Si todavía queda algún hombre que piense que las mujeres somos unas indecisas, piensen que si, en efecto, podremos tener nuestros momentos complicados por que nuestro carácter así es, somos así, somos una mezcla extraña de complicación con delicadeza, armonía, talento y fuerza (bueno que flores caray!!!) pero jamás nos temblara la mano para luchar, pelear, escalar, subir, aprender, crear, formar… Pero también piensen cuanto nos necesitamos, cuanto nos complementamos. ¿nos eche demasiadas porras?, ¡no creo! Solo la verdad. Y algunas mujeres tienden con el paso del tiempo, malamente, a olvidarse de su valor intrínseco como ser humano y el agregado por su actitud a la vida, por su desarrollo como genero.
¡No olvides lo que vales!
En la medida que te conozcas y lo sepas será la medida en la que te proyectaras.
Es probable que sigamos siendo “el talón de Aquiles de la humanidad” pero también es probable que con el tiempo, los canales de apoyo a las mujeres que luchamos día a día se abran cada vez más… que reconocer a las mujeres extraordinarias no sea nada más cuestión de medios televisivos, sino un agradecimiento por su entrega, empezando por las mujeres de nuestro hogar, hermanas, mama, tías, abuelitas… compañeras de trabajo, quienes nos dan un servicio…
Les recomiendo el libro "Eat, Love and Pray"... ya se que esta muy de moda por la pelicula de Julia Roberts, pero vale la pena. Nos leemos pronto!
Esta semana escuche una historia que me llamo mucho la atención y me hizo reflexionar sobre las capacidades de una mujer. La historia era sobre una madre que al ver a su hijo atrapado bajo un coche, fue capaz de levantar el coche unos centímetros para salvarlo… ¿increíble? A si me costo trabajo creerlo por completo, pero después le pregunte a una doctora y me comento que si es posible; el cuerpo humano no sabe cuanto puede dar de si hasta que se le exige. Las emociones, el corazón y el cerebro de una mujer funcionan diferente a la de los hombres y llegado el momento, la adrenalina y todo conjugado, hacen que reaccionemos de formas que nunca antes nos imaginamos. Me pongo a pensar en las madres que hacen todo por alimentar a sus hijos, por luchar por su educación... me pongo a pensar en las Adelitas, pero ese, es tema para otra columna...
Bueno, es una historia que me impactó muchísimo y quería compartirla con ustedes. Y tiene sentido… ¿que no haríamos por lo que queremos? Cuando una mujer decide formar un hogar (lo platicábamos en columnas anteriores), sabe perfectamente a que se esta enfrentando, si dejara su vida profesional, se dedicara por completo a la familia, o combinara ambas. Tomemos por ejemplo, a una mujer que descubre, una vez que sus hijos han crecido, que quiere retomar su carrera, lo hace. Se lanza, busca, aprende de nuevo, crea, genera empleos, se autoemplea, porque nos conocemos, sabemos de que estamos hechas y de que somos capaces.
Me comentaba un lector, que hay mujeres que no se atreven a opinar, que todavía existe esa barrera entre luchar y no luchar. Ciertamente, habrá mujeres que aun no se han descubierto, pero lo harán. Las circunstancias que nos rodean son diferentes. No podemos comparar a la mujer cosmopolita de New York, con la mujer Yaqui de Sonora, mujer con una tenacidad impresionante, de carácter fuerte y decisiones firmes. Son ambientes diferentes en donde se desenvuelven, lo que para una es fundamental para la otra puede ser un mundo desconocido. Y en ambos carriles de “lucha” se encuentra un elemento en común, la supervivencia.
¿Qué pasaría si las mujeres hiciéramos “huelga” a nivel mundial por un día?. ¿Por donde empezar? Bancos, escuelas, hospitales, oficinas de gobierno, oficinas particulares, empresas, corporativos, guarderías, restaurantes, hoteles, aerolíneas, ¿le sigo? Imagínense todo lo que se “detendría” por un momento. Hemos llegado a decir que en ocasiones no se necesita a una mujer en el hogar, pero, ¿Qué tal trabajando? ahí si, ahí si…
Si las mujeres dejáramos de trabajar un solo día, detendríamos muchas industrias, tanto de productos como de servicios, y esto es una pequeña muestra que, si nos lo proponemos, sabemos perfectamente hasta que punto escalar. En nuestro país, particularmente, siempre nos hemos distinguido por ser mujeres muy fuertes. Y en alguna ocasión, me comentaron que no, que hemos sido mujeres muy “dejadas” y acostumbradas al “machismo”. Momento. ¿Ya olvidaron en nuestro país, quienes se lanzaban a la revolución (ojo: les estoy hablando de hace menos de cien años!!!) quienes han luchado por poder ingresar a una universidad, quienes han sido las precursoras de avances tecnológicos, científicos y en medios de comunicación?
¿Feminista? NO. Realista. Seguiremos preguntándonos… ¿Qué quieren las mujeres?. Si todavía queda algún hombre que piense que las mujeres somos unas indecisas, piensen que si, en efecto, podremos tener nuestros momentos complicados por que nuestro carácter así es, somos así, somos una mezcla extraña de complicación con delicadeza, armonía, talento y fuerza (bueno que flores caray!!!) pero jamás nos temblara la mano para luchar, pelear, escalar, subir, aprender, crear, formar… Pero también piensen cuanto nos necesitamos, cuanto nos complementamos. ¿nos eche demasiadas porras?, ¡no creo! Solo la verdad. Y algunas mujeres tienden con el paso del tiempo, malamente, a olvidarse de su valor intrínseco como ser humano y el agregado por su actitud a la vida, por su desarrollo como genero.
¡No olvides lo que vales!
En la medida que te conozcas y lo sepas será la medida en la que te proyectaras.
Es probable que sigamos siendo “el talón de Aquiles de la humanidad” pero también es probable que con el tiempo, los canales de apoyo a las mujeres que luchamos día a día se abran cada vez más… que reconocer a las mujeres extraordinarias no sea nada más cuestión de medios televisivos, sino un agradecimiento por su entrega, empezando por las mujeres de nuestro hogar, hermanas, mama, tías, abuelitas… compañeras de trabajo, quienes nos dan un servicio…
Les recomiendo el libro "Eat, Love and Pray"... ya se que esta muy de moda por la pelicula de Julia Roberts, pero vale la pena. Nos leemos pronto!
jueves, 7 de octubre de 2010
Lo que las mujeres quieren...
El cerebro de una mujer es un misterio. Así decía el personaje de Benigno García en la premiada “Hable con ella” de Almodóvar; en realidad así es, somos todo un misterio. Somos tan polifacéticas, volubles, inspiración, damos protección, creamos hogares, construimos… ustedes saben que somos, aunque en ocasiones sea mas bien lo que hacemos; se dice que en la historia de la humanidad, las mujeres hemos jugado un papel (un trapo diría Mafalda) muy importante, y nuestra evolución va desde ser las defensoras del hogar, hasta las madres abnegadas, las revolucionarias, pero también las reinas, las consortes… hemos luchado batallas, hemos desatado algunas (recordemos a Helena de Troya) seguimos creando controversia y desatando batallas día con día. He llegado a pensar, que al igual que Aquiles precisamente perdió a causa de Helena y su talón endeble, así las mujeres también hemos sido el talón de Aquiles de la historia.
Estoy convencida que todo ha sido por falta de comunicación, porque pensamos que los hombres pueden leer mentes, porque creemos que nosotras también leemos, porque a pesar que hemos evolucionado en muchos aspectos gracias a nuestra determinación (pensemos en las mujeres que no emitían su voto hace menos de 100 años)… pero les voy a decir un secreto muy importante: nosotras mismas… ¡NO SABEMOS LO QUE QUEREMOS!.
Repito, esto es un secreto a voces… nos cambiamos el color del cabello casi cada mes, nos cambiamos de ropa al menos 3 veces antes de salir de casa, cambiamos de trabajo, de gimnasio, de ciudad, de país, de casa, ¡de vida! Porque nos sabemos conocedoras de nuestro potencial y capacidades y en esta búsqueda constante de querer mas y mejor rompemos el patrón del seguimiento en nuestro comportamiento… ¡uff! ¿Qué queremos realmente? En el aspecto personal, cambiamos como las fases de la luna. En el aspecto de conocernos, cambiamos casi cada mes, así que es imposible saberlo; pero hay una base en nuestro desarrollo que expone que las mujeres queremos ser escuchadas y queremos ser tomadas en cuenta. En el mundo “moderno” en que vivimos, queremos ser respetadas, honradas, y que se nos den los espacios y oportunidades para desarrollarnos y seguir creciendo. (¡Sonó a discurso político!).
Pero viéndolo desde un punto de vista critico, en verdad hemos peleado porque se respete ese derecho de lucha constante. Si, somos complicadas. Si, es cierto que cada fin de mes estamos insoportables. Si, es verdad que somos delicadas (algunas…) y muy en el fondo de nuestro ser sabemos que en ocasiones hacemos la vida de cuadritos a quienes nos rodean.
Al final del día comprendemos perfectamente bien que también nos hacemos un manojo de sentimientos que no nos permiten explicarnos de la mejor manera. Pero solo debemos pensar en lo mucho que hemos logrado en la historia… recordemos nada mas a las mujeres lideres de opinión de la independencia de nuestro país, recordemos a Elizabeth de Inglaterra, su precursora Emmeline Pankust, Isadora Duncan, Margaret Tatcher, Coco Chanel, Edith Piaf, La madre Teresa de Calcuta, Indira Ghandi, Evita Perón. Pensemos en Frida Kahlo, Marie Curie, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Leonora Carrington, Michelle Bachellet, Maria Goeppert, Gerti Cory, Ana Bolena, Nefertiti, Elena Poniatowska … No me alcanzaría la columna para nombrar a todas las mujeres que en diversos ámbitos lograron abrir brecha para futuras generaciones, destacarse y ser inolvidables. Mujeres que no se quedaron pensando que las cosas caerían del cielo y que a pesar de todas las vicisitudes, supieron valerse y ser únicas (“Nadie es indispensable en la vida, pero, para ser irremplazables, debemos ser diferentes y únicos”). Y bueno, la lista de las mujeres que siguen luchando hasta la fecha, es también afortunadamente, interminable.
Todo esto me hace pensar entonces que, podemos llegar a hacer una reflexión sobre nuestros pasos en la tierra. ¿Qué pensaría Helen Keller sobre cuando lloramos por que alguien nos rompió el corazón? ¿qué pensaría Chanel cuando nos desilusionamos porque no recibimos el apoyo que esperábamos en algún proyecto? ¿Recuerdan la historia de vida de Oprah?. ¿Han leído alguna vez sobre las mujeres Tarahumaras de la sierra de Chihuahua en nuestro país?. Si a lo largo de la historia las mujeres hemos luchado por ser agentes de cambio, ¿nosotras, las mujeres “modernas” que esperamos para dejar huella?. Solo se requiere, voluntad.
No tenemos que ser super-heroinas. Basta con despertar y reflexionar... al final de cuentas, seamos honestas, si sabemos lo que queremos, y cuando lo sabemos, lo obtenemos… ¿o no?.
Continuará…
Estoy convencida que todo ha sido por falta de comunicación, porque pensamos que los hombres pueden leer mentes, porque creemos que nosotras también leemos, porque a pesar que hemos evolucionado en muchos aspectos gracias a nuestra determinación (pensemos en las mujeres que no emitían su voto hace menos de 100 años)… pero les voy a decir un secreto muy importante: nosotras mismas… ¡NO SABEMOS LO QUE QUEREMOS!.
Repito, esto es un secreto a voces… nos cambiamos el color del cabello casi cada mes, nos cambiamos de ropa al menos 3 veces antes de salir de casa, cambiamos de trabajo, de gimnasio, de ciudad, de país, de casa, ¡de vida! Porque nos sabemos conocedoras de nuestro potencial y capacidades y en esta búsqueda constante de querer mas y mejor rompemos el patrón del seguimiento en nuestro comportamiento… ¡uff! ¿Qué queremos realmente? En el aspecto personal, cambiamos como las fases de la luna. En el aspecto de conocernos, cambiamos casi cada mes, así que es imposible saberlo; pero hay una base en nuestro desarrollo que expone que las mujeres queremos ser escuchadas y queremos ser tomadas en cuenta. En el mundo “moderno” en que vivimos, queremos ser respetadas, honradas, y que se nos den los espacios y oportunidades para desarrollarnos y seguir creciendo. (¡Sonó a discurso político!).
Pero viéndolo desde un punto de vista critico, en verdad hemos peleado porque se respete ese derecho de lucha constante. Si, somos complicadas. Si, es cierto que cada fin de mes estamos insoportables. Si, es verdad que somos delicadas (algunas…) y muy en el fondo de nuestro ser sabemos que en ocasiones hacemos la vida de cuadritos a quienes nos rodean.
Al final del día comprendemos perfectamente bien que también nos hacemos un manojo de sentimientos que no nos permiten explicarnos de la mejor manera. Pero solo debemos pensar en lo mucho que hemos logrado en la historia… recordemos nada mas a las mujeres lideres de opinión de la independencia de nuestro país, recordemos a Elizabeth de Inglaterra, su precursora Emmeline Pankust, Isadora Duncan, Margaret Tatcher, Coco Chanel, Edith Piaf, La madre Teresa de Calcuta, Indira Ghandi, Evita Perón. Pensemos en Frida Kahlo, Marie Curie, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Leonora Carrington, Michelle Bachellet, Maria Goeppert, Gerti Cory, Ana Bolena, Nefertiti, Elena Poniatowska … No me alcanzaría la columna para nombrar a todas las mujeres que en diversos ámbitos lograron abrir brecha para futuras generaciones, destacarse y ser inolvidables. Mujeres que no se quedaron pensando que las cosas caerían del cielo y que a pesar de todas las vicisitudes, supieron valerse y ser únicas (“Nadie es indispensable en la vida, pero, para ser irremplazables, debemos ser diferentes y únicos”). Y bueno, la lista de las mujeres que siguen luchando hasta la fecha, es también afortunadamente, interminable.
Todo esto me hace pensar entonces que, podemos llegar a hacer una reflexión sobre nuestros pasos en la tierra. ¿Qué pensaría Helen Keller sobre cuando lloramos por que alguien nos rompió el corazón? ¿qué pensaría Chanel cuando nos desilusionamos porque no recibimos el apoyo que esperábamos en algún proyecto? ¿Recuerdan la historia de vida de Oprah?. ¿Han leído alguna vez sobre las mujeres Tarahumaras de la sierra de Chihuahua en nuestro país?. Si a lo largo de la historia las mujeres hemos luchado por ser agentes de cambio, ¿nosotras, las mujeres “modernas” que esperamos para dejar huella?. Solo se requiere, voluntad.
No tenemos que ser super-heroinas. Basta con despertar y reflexionar... al final de cuentas, seamos honestas, si sabemos lo que queremos, y cuando lo sabemos, lo obtenemos… ¿o no?.
Continuará…
martes, 5 de octubre de 2010
Sin maquillaje.
Se acuerdan de la canción de los ochentas (si no me equivoco) del grupo español Mecano "no me mires, no me mires, no no no no me mires, que no me he puesto el maquillaje (je je je)... sombra aquí y sombra acá, maquillate, maquillate..." Se vale cantar.
¿Qué es lo primero que hacemos cuando conocemos a un bebé? Decimos “¡qué bonito, tiene la nariz de su papá, es igualito a su mamá qué bebé tan precioso!”. Desde pequeños nos enseñaron que si eres bonito, eres aceptado; eres digno de cariños y de manifestaciones de amor. Pero, ¿qué hacer cuando la naturaleza o la genética no fueron tan generosas con nosotros?.
El patrón de belleza cambia un poco a los que están prescritos por la moda, los productos de belleza, las modelos, la televisión, etc. En occidente, la belleza es pautada por el consumo. De ahí que nuestros parámetros de belleza vayan ligados a la compra de todo aquel producto que nos prometa vernos como las estrellas de la televisión o del cine, o como la modelo del anuncio de dicho producto. Nos hemos empeñado en coleccionar cremas, maquillajes, sombras, labiales, correctores, mascaras para pestañas, delineadores, etc.. y ni qué decir de los productos para cuidar la piel, aceites, cremas, exfoliantes, mascarillas... la lista sigue y sigue y sigue. No te lo voy a negar, yo también tengo mi grupo de cosméticos. Lo admito. Pero fíjate que me di cuenta que entre más cosas tenemos, más nos hacemos esclavas de ellas. Y si por algún motivo se llega a perder algún miembro de la colección, obviamente nos ponemos como histéricas. Pero ¿sabes?: acabo de comprobar que en una semana, se te olvida. O compras otro. O simplemente te das cuenta que realmente no lo necesitabas.
¿En qué consiste, entonces, sentirnos bellas? Sin duda alguna, no es por las cremas que religiosamente nos embadurnamos todas las noches. Ya es hora que nos demos cuenta de que la belleza no radica en la marca de tu labial, ni del maquillaje, mucho menos la ropa o como te hayas peinado para ir a trabajar. Piensa: si somos capaces de dirigir empresas, construir familias, conservar nuestros empleos, crear proyectos, salvar vidas, bueno, en una palabra (y sin sonar feminista) somos capaces de todo, entonces, ¿por qué dependemos de la brocha para el rubor, o la plancha para el cabello? Sintámonos seguras, aun cuando andemos de cara lavada o aun cuando el cabello haya amanecido rebelde. Sintámonos preciosas y casi-casi Miss Universo aun cuando las ojeras hayan aparecido por cansancio, estrés o desvelo.
Los parámetros de belleza en el mundo occidental difieren mucho de aquéllos en oriente, inclusive en Europa. Las latinas, curiosamente, somos más, como decirlo… ¡vaya! Exageramos un poquito para lucir como muñequitas de porcelana -con sus debidas excepciones, claro-. Yo soy una de ellas: lo cierto es que a la calle rara vez salgo con cara lavada. Pero si nos ponemos a pensar, las europeas, las orientales, las inglesas, las italianas, llevan con mucho garbo el poder de ser mujer y son capaces de voltear miradas y levantar suspiros sólo por su manera de caminar y de sonreír.
Así que, ¿tenemos todo para ser súper seguras aun cuando nos hayan inculcado que es muy importante ser bonita? ¡CLARO! Haz la prueba -yo la hice-, en lugar de practicar nuevos tipos de peinado, practica nuevo estilo para caminar o una mirada coqueta y sincera, por supuesto. En lugar de aprender de los nuevos productos anti-arrugas, aprende un idioma nuevo, o lee algo que jamás te hayas interesado leer. Medita qué importante es para nuestra autoestima el sabernos hermosas e inteligentes. Ojo: ¡no importa la edad! Ese, como ustedes saben amigas, es un tema muy relativo... ¿o no?.
Para concluir, me gustaría conocer a quien escribió esos parámetros de belleza, porque el mundo es tan grande que éstos pueden cambiar inclusive de un estado a otro en un mismo país. Así que, amigas, arriba el ánimo y preparémonos para salir a conquistar el mundo.
¡Nos leemos pronto!
¿Qué es lo primero que hacemos cuando conocemos a un bebé? Decimos “¡qué bonito, tiene la nariz de su papá, es igualito a su mamá qué bebé tan precioso!”. Desde pequeños nos enseñaron que si eres bonito, eres aceptado; eres digno de cariños y de manifestaciones de amor. Pero, ¿qué hacer cuando la naturaleza o la genética no fueron tan generosas con nosotros?.
El patrón de belleza cambia un poco a los que están prescritos por la moda, los productos de belleza, las modelos, la televisión, etc. En occidente, la belleza es pautada por el consumo. De ahí que nuestros parámetros de belleza vayan ligados a la compra de todo aquel producto que nos prometa vernos como las estrellas de la televisión o del cine, o como la modelo del anuncio de dicho producto. Nos hemos empeñado en coleccionar cremas, maquillajes, sombras, labiales, correctores, mascaras para pestañas, delineadores, etc.. y ni qué decir de los productos para cuidar la piel, aceites, cremas, exfoliantes, mascarillas... la lista sigue y sigue y sigue. No te lo voy a negar, yo también tengo mi grupo de cosméticos. Lo admito. Pero fíjate que me di cuenta que entre más cosas tenemos, más nos hacemos esclavas de ellas. Y si por algún motivo se llega a perder algún miembro de la colección, obviamente nos ponemos como histéricas. Pero ¿sabes?: acabo de comprobar que en una semana, se te olvida. O compras otro. O simplemente te das cuenta que realmente no lo necesitabas.
¿En qué consiste, entonces, sentirnos bellas? Sin duda alguna, no es por las cremas que religiosamente nos embadurnamos todas las noches. Ya es hora que nos demos cuenta de que la belleza no radica en la marca de tu labial, ni del maquillaje, mucho menos la ropa o como te hayas peinado para ir a trabajar. Piensa: si somos capaces de dirigir empresas, construir familias, conservar nuestros empleos, crear proyectos, salvar vidas, bueno, en una palabra (y sin sonar feminista) somos capaces de todo, entonces, ¿por qué dependemos de la brocha para el rubor, o la plancha para el cabello? Sintámonos seguras, aun cuando andemos de cara lavada o aun cuando el cabello haya amanecido rebelde. Sintámonos preciosas y casi-casi Miss Universo aun cuando las ojeras hayan aparecido por cansancio, estrés o desvelo.
Los parámetros de belleza en el mundo occidental difieren mucho de aquéllos en oriente, inclusive en Europa. Las latinas, curiosamente, somos más, como decirlo… ¡vaya! Exageramos un poquito para lucir como muñequitas de porcelana -con sus debidas excepciones, claro-. Yo soy una de ellas: lo cierto es que a la calle rara vez salgo con cara lavada. Pero si nos ponemos a pensar, las europeas, las orientales, las inglesas, las italianas, llevan con mucho garbo el poder de ser mujer y son capaces de voltear miradas y levantar suspiros sólo por su manera de caminar y de sonreír.
Así que, ¿tenemos todo para ser súper seguras aun cuando nos hayan inculcado que es muy importante ser bonita? ¡CLARO! Haz la prueba -yo la hice-, en lugar de practicar nuevos tipos de peinado, practica nuevo estilo para caminar o una mirada coqueta y sincera, por supuesto. En lugar de aprender de los nuevos productos anti-arrugas, aprende un idioma nuevo, o lee algo que jamás te hayas interesado leer. Medita qué importante es para nuestra autoestima el sabernos hermosas e inteligentes. Ojo: ¡no importa la edad! Ese, como ustedes saben amigas, es un tema muy relativo... ¿o no?.
Para concluir, me gustaría conocer a quien escribió esos parámetros de belleza, porque el mundo es tan grande que éstos pueden cambiar inclusive de un estado a otro en un mismo país. Así que, amigas, arriba el ánimo y preparémonos para salir a conquistar el mundo.
¡Nos leemos pronto!
lunes, 4 de octubre de 2010
¿APRENDEMOS A BASE DE PRUEBA Y ERROR?
Aprendizaje:
(De aprendiz).
1. m. Acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa.
2. m. Tiempo que en ello se emplea.
3. m. Psicol. Adquisición por la práctica de una conducta duradera.
Estando en Hermosillo, mi tierra, tuve la oportunidad de reflexionar sobre el aprendizaje. Cuando niños, es casi casi “a fuerza”, cuando jóvenes es, quizá mitad y mitad; mitad a fuerza, mitad status social, mitad sentido de pertenencia, mitad deber y querer. Cuando se es grande entonces, ¿a que obedece el aprender?.
Fui invitada a observar una clase en el departamento de lenguas extranjeros en la Universidad de Sonora por parte de Miguel, uno de mis primos, quien, además de estar avalado por la Universidad de Cambridge (volveré a este tema mas adelante), es uno de los maestros mas reconocidos en este medio. Lo comento porque me pareció fascinante, como, primeramente, sus alumnos no eran menores de los 20 años. Y estaban ahí por distintas razones. Algunos por validez académica, otros por cuestiones laborales, otros por verdadero gusto… lo que me lleva a constatar el primer punto que trate sobre el aprendizaje. Encontrándome en medio del salón, me di cuenta que la vida en general es una gran escuela. Entonces, si la vida y la academia convergen, ¿porque entonces es solo en la academia donde seguimos al pie de la letra las lecciones de los libros de texto?. Yo veía ese día, alumnos escribiendo la lección, repasándola en sus libros, practicando en voz bajita, compartiendo con el resto de los alumnos… y entonces, me vino a la cabeza esta idea de tener un manual de vida.
Si para la academia se requiere investigación, análisis, teorías, mas investigación, para poder enseñar “una verdad”, entonces, para la vida ¿en que nos basamos?. Cierto es que tenemos La Biblia -yo considero que, creyente o no, se debe apreciar por la aportación que a lo largo del tiempo ha tenido sobre la humanidad. (pero siento que no es estrictamente necesario en estos tiempos tener religión o creencia, no podemos tomar a la Biblia como referencia. Bendito libre albedrío). Existen libros de superación personal, de Autoestima, para solteros, para divorciados, para viudos, para soledades, para compañías, para niños, para padres, para niños, para familias, para viajar, para arreglar cosas banales… y entre tanta variedad, me pregunto si realmente quienes se dicen escritores, saben de la responsabilidad tan grande que es publicar un libro sobre “como…”. Es tanto como tratar de hacer una edición de un libro de historia, o escribir un libro de idiomas, precisamente. No existe una verdad absoluta. Inclusive el tratar de recrear un libro de historia tiene sus posibles recaídas de veracidad.
Entonces, ¿por qué tenemos tanto ahínco en aprender sobre matemáticas, física, química, idiomas, derecho… que por la vida?. ¿Estaremos de verdad aprendiendo a base de prueba y error?. ¿aprendemos por repetición? ¿estamos aplicando el “monkey see monkey do”? ¿aprendemos con el ejemplo? ¿aprendemos, poco a poquito? ¿tenemos VOLUNTAD para aprender?.
Si no podemos aprender con base a texto, entonces forzosamente deberá ser con base a experiencia. De niños sabemos que si nos quemamos una vez con la comida, a la próxima no comeremos aceleradamente cuando este el plato caliente. Cuando nos caemos una vez de la bicicleta, aprendemos a andar con mas precaución. Vamos aprendiendo de las cosas que no nos gustan y también de las que nos agradan conforme vamos experimentándolas. De ahí nuestras comidas favoritas, o nuestros hobbies… ¿y cuando nos accidentamos? ¿Que tal la clásica historia de no volverte a subir a la bicicleta, precisamente, o no usar los patines después de una caída dramática y tormentosa?. Mi mama dice que yo di mis primeros pasos exactamente al año. Un día, bajando un escalón en casa de los abuelos, me partí la boca (por no decir mas feo…). Me tomo alrededor de un año volver a caminar. ¡Aun cuando ya sabia!. Cuenta también mi mama que cada vez que me bajaban a nivel piso a que intentara caminar de nuevo yo lloraba cual Magdalena. ¿Estaría predestinándome desde ese entonces a no dar paso en balde hasta estar segura de el?
Sigo preguntándome entonces, que nos hace falta para aprender.
Aprender de los errores pasados, de los problemas en que estuvimos. ¿Cuál es el bloqueo fundamental que tenemos como para no saber reconocer una situación en la que ya hayamos estado anteriormente? Y si la reconocemos ¿por qué volvemos a caer en ella?. Cierto es que no existe un patrón determinado, eso me queda mas que claro, sin embargo, hablábamos de ver la vida como una escuela también. ¿Será acaso una vida repleta de “felicidad” y armonía, lo que un diploma a la academia?. Estoy segura que cada quien tiene sus “diplomas” bien idealizados, si no, porque estaríamos matándonos en el trabajo día a día, o porque seguimos buscando a la persona ideal para nosotros, o porque convivimos… Al final, cuando creemos que ya “terminamos” la academia ERROR, la escuela nunca se acaba. Cierto es que no estamos forzosamente en un aula, ni tenemos maestros de titulo, pero si estamos rodeadas de alumnos, todos estamos aprendiendo, todos estamos compitiendo, todos estamos queriendo terminar primero y mejor. ¿maestros? ¡Ahí esta el truco!. Es mas complicado estar consiente de estar viviendo en la escuela de la vida, porque somos alumnos y maestros a la vez. Comprender el gran compromiso social y la responsabilidad que esto implica, en ocasiones, como me pasa a mi, no nos permite disfrutar por completo de las “lecciones”. Y como en toda escuela, existen los agentes activos, los que van de paso, los que lo mismo les da bien que mal, los bromistas, los pesimistas, los jóvenes, los “atrasados de año”… (piensen cuantos adultos de mas de 40 años hemos visto en fiestas de gente de 20).
Se dice que el ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces. Yo me he tropezado con la misma piedra mas de dos veces, créanme. Y me siento orgullosa porque ya tengo cayo. Aprendí. Prueba y error. Definitivamente yo si prefiero aprender de mis errores, de las pruebas de la vida. Aun cuando siga confiando y creyendo en la gente, cada día que pasa confío mas en mi. Ahora bien, recuerden que para aprender se requiere voluntad, no tirar la toalla y tener los ojos bien abiertos. (no hay peor ciego que el que no quiere ver)…
Dije que iba a comentar el caso de mi primo Miguel que esta avalado por la Universidad de Cambridge. Lo retomo. Si estamos en la escuela de la vida, con las herramientas adecuadas, y seguimos, aun así queriendo terminar “el curso” de la mejor manera, es entonces cuando comienzan a sobresalir los elementos de los cuales deberemos acompañarnos el resto de nuestras vidas. Así como en la prepa buscábamos ser “amigos” de la o el mas inteligente, así recomiendo yo, hacerlo en la “vida real”. No es necesario chutarse el ultimo libro de automotivación. Basta con saber rodearse de las personas adecuadas. Basta con saber convivir, aportar y aprender. APRENDER. Miguel, aun sin saberlo y sin mas interés que el de gozar de su compañía, es uno de los mejores maestros que he tenido. La admiración también puede trasformarse y significar amor. Recuerden eso.
¿Cuántos “maestros” hemos tenido en la vida?. Los padres son nuestros primeros maestros, ¿realmente aprendemos de ellos? O ¿al igual que en la primaria los aborrecemos?. Puede parecer muy optimista de mi parte, pero al final del día ¿no es lo que te ofrecen los “libros de texto de la vida”?.
Toda persona que esta a nuestro alrededor tiene algo que aportar. El secreto no esta en aferrarse a alguien y convertirse en dependiente de… el secreto esta en que no nos pase como a la niña que tenia miedo de usar sus zapatos nuevos… cuando se decidió a usarlos ya no le quedaban.
La vida esta ahí. Todos los días, todas las mañanas, todos los atardeceres, todos los días de sol y los de lluvia también. Todos los días de amor, de desamor, de alegría, de nostalgia… atreverse, lanzarse, sonreír y ver la vida con el color que quieras pintarla (como en preescolar), dependerá única y exclusivamente de nosotros. Aquí no hay aprobados ni reprobados, aquí la calificación final te la das tu mismo. No seas severo, la perfección es solo un mito, una explicación tonta de los que se sienten con menos “suerte”. La suerte es solo cuando la preparación y la oportunidad se conocen. Y la oportunidad esta todos los días frente a nosotros. Todos los días esta ahí la vida. Es como si tuvieras la oportunidad de presentar un examen final todos los días .sin material para estudiar, solo lo que traes en tu mochila. Solo eso. Atrevernos a “llenar en los espacios en blanco” como cuando llenábamos los ejercicios de gramática, es tan fácil como decidirse a usar los zapatos nuevos, porque es el momento de usarlos. Ahora es el momento.
Yo estoy usando los míos, y ¡me encantan!.
(De aprendiz).
1. m. Acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa.
2. m. Tiempo que en ello se emplea.
3. m. Psicol. Adquisición por la práctica de una conducta duradera.
Estando en Hermosillo, mi tierra, tuve la oportunidad de reflexionar sobre el aprendizaje. Cuando niños, es casi casi “a fuerza”, cuando jóvenes es, quizá mitad y mitad; mitad a fuerza, mitad status social, mitad sentido de pertenencia, mitad deber y querer. Cuando se es grande entonces, ¿a que obedece el aprender?.
Fui invitada a observar una clase en el departamento de lenguas extranjeros en la Universidad de Sonora por parte de Miguel, uno de mis primos, quien, además de estar avalado por la Universidad de Cambridge (volveré a este tema mas adelante), es uno de los maestros mas reconocidos en este medio. Lo comento porque me pareció fascinante, como, primeramente, sus alumnos no eran menores de los 20 años. Y estaban ahí por distintas razones. Algunos por validez académica, otros por cuestiones laborales, otros por verdadero gusto… lo que me lleva a constatar el primer punto que trate sobre el aprendizaje. Encontrándome en medio del salón, me di cuenta que la vida en general es una gran escuela. Entonces, si la vida y la academia convergen, ¿porque entonces es solo en la academia donde seguimos al pie de la letra las lecciones de los libros de texto?. Yo veía ese día, alumnos escribiendo la lección, repasándola en sus libros, practicando en voz bajita, compartiendo con el resto de los alumnos… y entonces, me vino a la cabeza esta idea de tener un manual de vida.
Si para la academia se requiere investigación, análisis, teorías, mas investigación, para poder enseñar “una verdad”, entonces, para la vida ¿en que nos basamos?. Cierto es que tenemos La Biblia -yo considero que, creyente o no, se debe apreciar por la aportación que a lo largo del tiempo ha tenido sobre la humanidad. (pero siento que no es estrictamente necesario en estos tiempos tener religión o creencia, no podemos tomar a la Biblia como referencia. Bendito libre albedrío). Existen libros de superación personal, de Autoestima, para solteros, para divorciados, para viudos, para soledades, para compañías, para niños, para padres, para niños, para familias, para viajar, para arreglar cosas banales… y entre tanta variedad, me pregunto si realmente quienes se dicen escritores, saben de la responsabilidad tan grande que es publicar un libro sobre “como…”. Es tanto como tratar de hacer una edición de un libro de historia, o escribir un libro de idiomas, precisamente. No existe una verdad absoluta. Inclusive el tratar de recrear un libro de historia tiene sus posibles recaídas de veracidad.
Entonces, ¿por qué tenemos tanto ahínco en aprender sobre matemáticas, física, química, idiomas, derecho… que por la vida?. ¿Estaremos de verdad aprendiendo a base de prueba y error?. ¿aprendemos por repetición? ¿estamos aplicando el “monkey see monkey do”? ¿aprendemos con el ejemplo? ¿aprendemos, poco a poquito? ¿tenemos VOLUNTAD para aprender?.
Si no podemos aprender con base a texto, entonces forzosamente deberá ser con base a experiencia. De niños sabemos que si nos quemamos una vez con la comida, a la próxima no comeremos aceleradamente cuando este el plato caliente. Cuando nos caemos una vez de la bicicleta, aprendemos a andar con mas precaución. Vamos aprendiendo de las cosas que no nos gustan y también de las que nos agradan conforme vamos experimentándolas. De ahí nuestras comidas favoritas, o nuestros hobbies… ¿y cuando nos accidentamos? ¿Que tal la clásica historia de no volverte a subir a la bicicleta, precisamente, o no usar los patines después de una caída dramática y tormentosa?. Mi mama dice que yo di mis primeros pasos exactamente al año. Un día, bajando un escalón en casa de los abuelos, me partí la boca (por no decir mas feo…). Me tomo alrededor de un año volver a caminar. ¡Aun cuando ya sabia!. Cuenta también mi mama que cada vez que me bajaban a nivel piso a que intentara caminar de nuevo yo lloraba cual Magdalena. ¿Estaría predestinándome desde ese entonces a no dar paso en balde hasta estar segura de el?
Sigo preguntándome entonces, que nos hace falta para aprender.
Aprender de los errores pasados, de los problemas en que estuvimos. ¿Cuál es el bloqueo fundamental que tenemos como para no saber reconocer una situación en la que ya hayamos estado anteriormente? Y si la reconocemos ¿por qué volvemos a caer en ella?. Cierto es que no existe un patrón determinado, eso me queda mas que claro, sin embargo, hablábamos de ver la vida como una escuela también. ¿Será acaso una vida repleta de “felicidad” y armonía, lo que un diploma a la academia?. Estoy segura que cada quien tiene sus “diplomas” bien idealizados, si no, porque estaríamos matándonos en el trabajo día a día, o porque seguimos buscando a la persona ideal para nosotros, o porque convivimos… Al final, cuando creemos que ya “terminamos” la academia ERROR, la escuela nunca se acaba. Cierto es que no estamos forzosamente en un aula, ni tenemos maestros de titulo, pero si estamos rodeadas de alumnos, todos estamos aprendiendo, todos estamos compitiendo, todos estamos queriendo terminar primero y mejor. ¿maestros? ¡Ahí esta el truco!. Es mas complicado estar consiente de estar viviendo en la escuela de la vida, porque somos alumnos y maestros a la vez. Comprender el gran compromiso social y la responsabilidad que esto implica, en ocasiones, como me pasa a mi, no nos permite disfrutar por completo de las “lecciones”. Y como en toda escuela, existen los agentes activos, los que van de paso, los que lo mismo les da bien que mal, los bromistas, los pesimistas, los jóvenes, los “atrasados de año”… (piensen cuantos adultos de mas de 40 años hemos visto en fiestas de gente de 20).
Se dice que el ser humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces. Yo me he tropezado con la misma piedra mas de dos veces, créanme. Y me siento orgullosa porque ya tengo cayo. Aprendí. Prueba y error. Definitivamente yo si prefiero aprender de mis errores, de las pruebas de la vida. Aun cuando siga confiando y creyendo en la gente, cada día que pasa confío mas en mi. Ahora bien, recuerden que para aprender se requiere voluntad, no tirar la toalla y tener los ojos bien abiertos. (no hay peor ciego que el que no quiere ver)…
Dije que iba a comentar el caso de mi primo Miguel que esta avalado por la Universidad de Cambridge. Lo retomo. Si estamos en la escuela de la vida, con las herramientas adecuadas, y seguimos, aun así queriendo terminar “el curso” de la mejor manera, es entonces cuando comienzan a sobresalir los elementos de los cuales deberemos acompañarnos el resto de nuestras vidas. Así como en la prepa buscábamos ser “amigos” de la o el mas inteligente, así recomiendo yo, hacerlo en la “vida real”. No es necesario chutarse el ultimo libro de automotivación. Basta con saber rodearse de las personas adecuadas. Basta con saber convivir, aportar y aprender. APRENDER. Miguel, aun sin saberlo y sin mas interés que el de gozar de su compañía, es uno de los mejores maestros que he tenido. La admiración también puede trasformarse y significar amor. Recuerden eso.
¿Cuántos “maestros” hemos tenido en la vida?. Los padres son nuestros primeros maestros, ¿realmente aprendemos de ellos? O ¿al igual que en la primaria los aborrecemos?. Puede parecer muy optimista de mi parte, pero al final del día ¿no es lo que te ofrecen los “libros de texto de la vida”?.
Toda persona que esta a nuestro alrededor tiene algo que aportar. El secreto no esta en aferrarse a alguien y convertirse en dependiente de… el secreto esta en que no nos pase como a la niña que tenia miedo de usar sus zapatos nuevos… cuando se decidió a usarlos ya no le quedaban.
La vida esta ahí. Todos los días, todas las mañanas, todos los atardeceres, todos los días de sol y los de lluvia también. Todos los días de amor, de desamor, de alegría, de nostalgia… atreverse, lanzarse, sonreír y ver la vida con el color que quieras pintarla (como en preescolar), dependerá única y exclusivamente de nosotros. Aquí no hay aprobados ni reprobados, aquí la calificación final te la das tu mismo. No seas severo, la perfección es solo un mito, una explicación tonta de los que se sienten con menos “suerte”. La suerte es solo cuando la preparación y la oportunidad se conocen. Y la oportunidad esta todos los días frente a nosotros. Todos los días esta ahí la vida. Es como si tuvieras la oportunidad de presentar un examen final todos los días .sin material para estudiar, solo lo que traes en tu mochila. Solo eso. Atrevernos a “llenar en los espacios en blanco” como cuando llenábamos los ejercicios de gramática, es tan fácil como decidirse a usar los zapatos nuevos, porque es el momento de usarlos. Ahora es el momento.
Yo estoy usando los míos, y ¡me encantan!.
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