Actitud:
Comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas.
Entonces, cuando nos dicen cambio de actitud, se están refiriendo a un cambio de comportamiento o de perspectiva sobre las cosas. ¿Que tan difícil es cambiar nuestros patrones de vida?. El titulo de la columna de esta semana es precisamente en relación a detenernos un momento y pensar si la forma en la que abordamos las situaciones que se nos presentan cotidianamente es la correcta. Y la correcta no para los demás, sino para alcanzar una satisfacción personal y tranquilidad.
A pesar de las circunstancias que ponen a prueba nuestro comportamiento en general, existen ciertos matices de la vida que nos pueden ayudar a comprender que la mayoría de las veces no es tanto el problema o dificultad si no el valor que le demos. ¿Sabes a lo que me refiero, no? estos “matices” están ahí, presentes, todo el tiempo, por las mañanas, en el café de la esquina, en el supermercado, en el colegio de los niños, hospitales, oficinas, gimnasios, parques… en todas partes. ¿No los has visto? ¡Claro que si! Pero seguramente estábamos muy apurados para notarlos o demasiado estresados. Me refiero a las cosas mas sencillas de la vida. Nota importante: no esperes que traigan una etiqueta de uso, ni un letrero luminoso para que sepamos reconocerlas. Algunos libros, autores, psicólogos y hasta terapeutas sugieren que cuando se requiere hacer un cambio de actitud va ligado a una introspección, a un análisis del marco histórico y conceptual de la persona, al lugar de procedencia , la familia, la cultura, la educación, la formación … y tienen razón. Poder descubrir el hilo negro de nuestro comportamiento puede parecer una tarea caótica (tenemos miedo a saber que somos, a encontrarnos con nosotros mismos). Pero vamos a hacer una prueba muy sencilla (contesta con honestidad): ¿cuantas sonrisas verdaderas reconociste esta mañana al salir de tu hogar?, ¿cuántos abrazos contaste recibidos hoy, al finalizar el día?, ¿cuántas veces observaste el cielo hoy? Si, si, puede sonar a frases de libro de superación personal, pero es cierto, rara vez nos damos el tiempo de disfrutar y nutrirnos de cosas simples, cosas que a simple vista no pudiera tener un significado mayor que el sentimental pero, si le damos su justa dimensión, esas cosas que dejamos pasar, pueden ayudarnos mas de lo que pudiésemos imaginar. Y lejos de una terapia larga y extenuante, la solución a muchos problemas sencillos de nuestro comportamiento esta en saber apreciar, valorar y admirar las cosas que nos rodean que justamente están ahí como esos pequeños matices de la vida agitada o del mundo agitado, de un cielo que parece caérsenos encima en ocasiones y que en realidad, no nos permite comprender que no hay NADA en esta vida que no tenga solución.
La justa dimensión de las cosas, la profundidad de aquellas que son parte de nuestro vivir, solo pertenece, precisamente, a nosotros mismos. El que tu coche sufra una avería puede parecer un caos total para tu día de múltiples quehaceres, pero puede parecer insignificante para la mama que tiene a su hijo en el hospital, o para el estudiante que réprobo su examen final, o para el niño de kinder que olvido la poesía del día de las madres en pleno espectáculo. Si ponemos en una gráfica las cosas que componen nuestra vida (dulces y amargas) sería imposible graficar el grado de afectación de manera universal. La sensibilidad que tenemos para percibir lo que nos rodea va directamente relacionada con la capacidad para almacenar esos “picos” de felicidad; por ejemplo, un momento en el que te rías mucho y estés rodeado de la gente que mas quieres, ese tipo de memorias, las guarda tanto tu mente como tu cuerpo y si somos sensibles a ellos, podemos ir creando un estilo de vida mas sano.
Barbra Streisand, en el musical Yentl (altamente recomendada como ejemplo de tenacidad de la mujer que quiere crecer… pero esa, es otra historia) en una de sus canciones, dice algo mas o menos así (traducido): “todo comenzó, el día que descubrí, que desde mi ventana solo podía ver un pedacito de cielo, salí y lo vi, y nunca me imagine que pudiera ser tan alto y tan grande…”. Si te sientes encerrada en cuatro paredes, si esas cuatro paredes son “imaginarias”: ¡sal!, sal de ti, de la rutina, observa lo maravilloso que es el mundo, ¿has dado gracias por estar vivo hoy?. Recuerda que cada día tenemos la oportunidad de reconocer nuestros errores y empezar de nuevo y sobre todo ¡aprender!. Déjate envolver por un mundo más vivo, déjate impresionar por los detalles sencillos que considero, serán los únicos capaces de salvarnos de este mundo tan frío y desensibilizado; respira, siente el sol, piensa en cuanta gente no tiene la oportunidad de sentir, de caminar, de reír… Debemos tener la inteligencia emocional necesaria, al menos, para no dejar que las cosas que tienen solución perturben nuestra tranquilidad. Si se te dificulta descubrir las cosas mas sencillas de la vida, no te preocupes, cuando nos volvemos “adultos” vamos perdiendo nuestra capacidad de asombro, pero basta con que recordemos cuando éramos niños como nos maravillaban los pequeños detalles que hasta algunos se convirtieron en las grandes bases de nuestra formación. Al final del día, piensa que la vida es tan bella pero también (como diría el comercial de reconocida marca de refrescos), lo único malo de la vida es que es demasiado corta.
La buena actitud no llega de la noche a la mañana; una buena actitud esta alimentada por un ambiente de tranquilidad, por positivad, por buenos recuerdos, y vuelvo a comentar: por una felicidad como estilo de vida no como estado de animo.
Una semana mas… quiero agradecer sus comentarios y su lectura.
¡Nos leemos pronto!
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